Economía

Los países avanzados elevan la renta de los hogares en plena crisis… pero España va rezagada

Esta crisis no solo será recordada por la magnitud de la contracción, la más profunda registrada en tiempos de paz, también por la protección de los ingresos de las familias. Realmente los estados han realizado un esfuerzo como nunca se había visto para sostener la renta de las familias. Todavía no conocemos cuáles serán las lecciones de esta estrategia, pero lo que es evidente es que los gobiernos están cumpliendo su objetivo: la renta disponible de las familias superó en el tercer trimestre del año los niveles existentes antes de la crisis. A pesar de la magnitud del desplome del PIB y de la cantidad de horas de trabajo perdidas, la situación agregada de los hogares está siendo favorable.

El resultado fue positivo en casi todos los países desarrollados, según los últimos datos de la OCDE. España fue la ‘oveja negra’, situándose a la cola de la recuperación de la renta de las familias, aunque mejorando los registros de crisis anteriores. En el conjunto de la OCDE, la renta disponible de las familias en el tercer trimestre superó un 4,3% los niveles prepandemia (del cuarto trimestre de 2019). Y eso a pesar de que los niveles de PIB todavía estaban casi un 5% por debajo.

Javier G. Jorrín

Desde el inicio de la pandemia, los gobiernos se marcaron un objetivo fundamental: proteger la demanda agregada. Para ello, era imprescindible mantener la renta de los hogares, de modo que cuando se levantaran las restricciones pudiera recuperarse rápidamente el consumo. Finalmente la crisis ha sido más larga por los rebrotes del virus, pero la premisa sigue siendo la misma: garantizar la situación financiera de las familias para lograr un rápido crecimiento cuando llegue la desescalada. Esto fue lo que ocurrió durante el verano y es la gran esperanza de cara a los próximos meses cuando el proceso de vacunación esté avanzado.

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La brecha entre el PIB y la renta disponible de las familias ha sido más grande que nunca, y es consecuencia de dos factores. El primero son las ayudas públicas, que se han canalizado por diferentes vías, desde las distintas modalidades de regulación temporal de empleo (ERTE) hasta cheques y transferencias directas a las familias, como hizo Estados Unidos. De hecho, si hay un dato que llama la atención es que son los países anglosajones los que más han soportado la renta de los hogares con ayudas públicas. En Estados Unidos, el déficit público escaló en 2020 hasta el 17,5%, según las últimas estimaciones del FMI (el dato oficial todavía no está publicado, pero no será muy diferente), lo que muestra el gran estímulo de gasto público realizado.

Gracias a este esfuerzo, la renta disponible de las familias estadounidenses se situó en el verano un 6,5% por encima de los niveles precrisis. Esto significa que, a pesar de la profunda crisis, la situación económica de los hogares se ha mantenido intacta, e incluso ha mejorado en algunos casos. Es importante tener en cuenta que se trata de datos agregados, lo que no evita que algunas familias estén sufriendo una grave caída de ingresos. De hecho, las crisis siempre magnifican las desigualdades y esta pandemia del coronavirus no ha sido diferente.

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El esfuerzo fiscal realizado para salvar a las familias no tiene comparativa posible en la historia económica. Eso sí, estos fondos no han ‘caído del cielo’, sino que se están acumulando como deuda pública que habrá que abordar en el futuro. Pero si el resultado es que consiguen contener la crisis y estimular una recuperación rápida, el resultado neto final será positivo. Lo mismo ocurrió tras la crisis financiera de 2008: los países que, como EEUU, realizaron un esfuerzo fiscal para atajar la crisis tuvieron una crisis más leve y salieron mucho antes. En Europa la diferencia es significativa ya que, mientras en esta crisis se han puesto en marcha transferencias a familias y empresas, en la crisis financiera se llevaron a cabo importantes subidas de impuestos, como el IVA (años 2010 y 2012) o el IRPF (también en 2010 y 2012).

Hay otro factor clave que explica el buen comportamiento de las rentas de los hogares en esta crisis, el esfuerzo de las empresas por mantener a sus plantillas. La previsión de que la crisis iba a ser corta y la salida rápida llevó a muchas empresas, grandes y pequeñas, a retener a sus trabajadores aunque eso supusiese asumir pérdidas. El resultado es que la evolución de las rentas salariales ha sido mucho mejor que la de los beneficios empresariales. En España, por ejemplo, los beneficios empresariales y del capital sufrieron un desplome del 12,5%, una caída cuatro puntos superior al PIB.

España, a la cola

Uno de los países destacados de esta estadística es España, y no para bien. La renta disponible de los hogares es todavía un 1,1% inferior a la que tenían antes de la crisis. Este dato se sitúa en línea con el del INE (-1,3%). Esta caída es consecuencia de la reducción de las rentas salariales, que en España ha sido especialmente grave por la temporalidad y el empleo en negro. En total, los ingresos por salarios de los hogares han caído un 5,5%, que en términos absolutos son 8.000 millones menos que en el trimestre previo a la crisis. Cuando estalló la crisis, muchas empresas optaron por despedir a sus trabajadores con menor protección legal, esto es, temporales y empleados sin contrato. Esta mala calidad del mercado laboral ha provocado que España se sitúe entre los países europeos que más han elevado el paro durante la pandemia.

Javier G. Jorrín

La caída de los salarios se ha compensado en parte con las prestaciones sociales. Las transferencias directas se dispararon un 11% respecto a los niveles precrisis, mientras que las prestaciones en especie crecieron un 4%. Estas ayudas se han canalizado, principalmente, a través de los ERTE (expedientes de regulación temporal de empleo), ceses de actividad de los autónomos y prestaciones de desempleo extraordinarias por el covid. En total, esta inyección de rentas permitió elevar la renta disponible de las familias en 7.600 millones de euros a lo largo del trimestre respecto a los niveles precrisis.

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Sin embargo, el problema para España es que la protección del Estado tiene muy difícil llegar hasta la economía sumergida. Los trabajadores en negro que se quedaron en el paro de la noche a la mañana no tuvieron acceso a una prestación por desempleo, ni un ERTE, ni tampoco el ingreso mínimo vital, que en el verano de 2020 apenas había empezado a funcionar. Incluso a día de hoy el IMV tiene muchos problemas para proteger a este tipo de familias, dadas las dificultades de implementación a las que se está enfrentando.

Esto explica que, a pesar del esfuerzo público realizado, el Estado no haya podido socorrer toda la caída de rentas. El peor golpe se lo han llevado las familias en una situación más precaria, que son quienes aceptan los trabajos en negro. Otros países optaron por estrategias diferentes, como es el caso de EEUU, con ayudas generalizadas que, aunque peor dirigidas, consiguieron llegar a este tipo de hogares vulnerables. Fue la forma elegida para llegar precisamente a las familias que más lo necesitan.

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