Economía

Los saltos de cotización de los autónomos en el plan de Escrivá incentivarán la picaresca

El Gobierno envió esta semana una propuesta a los agentes sociales de reforma del régimen especial de los autónomos (RETA) que ha generado una gran polémica entre las asociaciones de trabajadores. Su idea es establecer 13 tramos diferentes de cotización en función de los beneficios de los autónomos, que entrarían en vigor en el año 2023 y tendrían un periodo de transición de 9 años hasta llegar al sistema definitivo. Este sistema propuesto establece diferentes cuotas mensuales de cotización a la Seguridad Social para cada uno de estos tramos de rendimientos.

Las cuotas serían decrecientes para las rentas más bajas y crecientes para los tramos superiores a lo largo de todo el periodo de transición. Por ejemplo, para el primer tramo, hasta 3.000 euros de rendimientos anuales, la cotización inicial sería de 200 euros al mes el 2023 y bajaría hasta 90 euros cuando se complete la entrada en vigor de la norma. Por el contrario, en el tramo superior, a partir de 48.900 euros de rendimiento anual, la cuota mensual sería inicialmente de 400 euros al mes y subiría hasta 1.220 euros al mes al final del periodo de transición. La propuesta del Gobierno determina que estas cuantías se actualizarán en función de la inflación y añade que el diálogo social revisará, cada tres años, la fijación de las cuotas y los tramos.

Javier G. Jorrín

El objetivo es evitar que los autónomos puedan elegir sus bases de cotización, ya que la gran mayoría opta por cotizar el mínimo, lo que provoca que su cuota efectiva sea muy inferior a su renta. Y, por tanto, que exista una gran diferencia con las aportaciones que realizan el resto de trabajadores, en especial los asalariados del régimen general.

El problema es que el sistema propuesto de tramos introduce saltos de cotización que en algunos casos son muy relevantes. El ministerio ha diseñado un sistema progresivo para que las rentas altas paguen más, algo que no ocurre con el régimen general, donde todos los trabajadores pagan el mismo tipo efectivo con independencia de cuál sea su base de cotización. Sin embargo, el establecimiento de cuotas que no tienen en cuenta los rendimientos marginales implica fuertes saltos de cotización cuando la reforma estuviera completamente implementada.

En el siguiente gráfico se representa el tipo de cotización (eje vertical) durante un año completo en función de los rendimientos obtenidos, en progresión por cada 250 euros (eje horizontal). En un primer momento el sistema es tremendamente regresivo, ya que la cuota total que pagan las rentas bajas es apenas la mitad de la que pagan las rentas altas, cuando sus ingresos son mucho menores. En el caso más extremo, para un autónomo que ingrese 3.000 euros anuales, su cuota mensual será de 200 euros mensuales, esto es, 2.400 euros a lo largo de un año. La Seguridad Social se quedaría, por tanto, con el 85% de sus rendimientos.

Este sistema tan regresivo genera un gran desincentivo a la actividad para las rentas bajas, ya que la Seguridad Social se quedaría con el grueso de sus ingresos. Con el sistema propuesto, todos los autónomos que tengan menos de 5.000 euros de beneficios tendrán que pagarle más de la mitad a la Seguridad Social. Para que el tipo efectivo de la cuota sobre el rendimiento real sea inferior al 30% el autónomo tendrá que ganar más de 10.000 euros.

Este efecto tan regresivo es el que ha llevado a algunas organizaciones de autónomos a reclamar al Gobierno que el periodo transitorio no sea tan largo para que las cuotas de las rentas bajas se reduzcan rápidamente. Conviene recordar que su aportación a la Seguridad Social cuando se implemente completamente la reforma sería de 90 euros, algo menos de la mitad que al inicio.

Javier G. Jorrín

A medida que pasen los años, las cuotas de las rentas bajas se reducirán y crecerán los de las rentas altas. De forma progresiva se irán generando grandes saltos de cotización, de modo que un pequeño aumento de los rendimientos implica un importante aumento del impuesto. Por ejemplo, la diferencia entre ingresar 48.000 y 49.000 euros implica una cotización de 145 euros más cada mes. O lo que es lo mismo, al final del año supondrá un pago 1.740 euros superior. En este caso, una diferencia del rendimiento de 1.000 euros implicaría una pérdida real de 740 euros.

Este es el salto más grande que se produce, pero hay otros muchos que son relevantes. Por ejemplo, la diferencia entre ingresar 42.000 euros o 49.000 euros implica pagar 5.040 euros más de cotización a lo largo del año. Esto es, el esfuerzo que realizaría un autónomo para elevar su beneficio en 7.000 euros finalmente solo ganaría 1.960 euros, el resto se lo quedaría la Seguridad Social.

Estos grandes saltos de cotización suponen un gran desincentivo a elevar los beneficios, salvo que estos sean superiores a 65.000 euros, nivel a partir del cual el tipo efectivo baja al 22%, ya que todos aquellos que declaren más de 48.900 euros anuales tienen la misma cuota. En definitiva, se trata de un desincentivo al trabajo si en algunos casos el efecto marginal de elevar los ingresos en 1.000 euros supone terminar perdiendo 700 euros.

Pero, además de este desincentivo al trabajo, se genera un gran incentivo a la picaresca de los autónomos para rebajar su renta declarada. Un riesgo que se podría evitar con otro diseño del sistema que no generara tales saltos de cotización.

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