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Luis Enrique está muy preocupado: las razones para dudar de esta Selección

La selección española protagonizó en el césped de Tiflis uno de los peores partidos que se le recuerda al combinado nacional en bastante tiempo. Más allá del agónico resultado que maquilló Dani Olmo con un latigazo en el descuento (1-2) y de la inestimable ayuda del guardameta georgiano, Giorgi Loria, Luis Enrique confesó en rueda de prensa sus temores entre eufemismos. “No estamos en un momento pletórico. El tercer partido contra Kosovo será igual, ya lo veo, pero la idea sigue siendo la misma. Espero que el gol final sea un chute de confianza”. Minutos después, a caballo entre la euforia desatada por el gol del jugador del RB Leipzig y el conocimiento de haberse quitado una losa de encima, el asturiano apelaba a ganar por lo civil o por lo criminal el próximo choque: “Vamos a intentar solventarlo en estos días, pero si nos falta frescura y finura para ganar, será con el corazón, con la cabeza o con lo que sea. España tiene que estar en el próximo Mundial como sea”.

Los jugadores se abalanzan sobre Dani Olmo tras el gol del triunfo. (EFE)Los jugadores se abalanzan sobre Dani Olmo tras el gol del triunfo. (EFE)Los jugadores se abalanzan sobre Dani Olmo tras el gol del triunfo. (EFE)

La situación no es para menos. Son tres victorias en los últimos ocho partidos, un empate y un triunfo por lo mínimo esta semana. La selección no ha encontrado ni un once titular definido ni una evolución en su juego tras la bacanal ante Alemania. Con la Eurocopa a las puertas, Luis Enrique se esforzó por amortiguar la decepción que han supuesto los duelos más recientes en una combinación de excusas baratas y lamentaciones amargas: “Han puesto balones deshinchados, hemos tenido que utilizar seis y, además, cada vez que salía el balón perdían tiempo. Hemos tenido pérdidas, pero también por el campo, porque el balón botaba como si fuera un conejo”. Con 1.790 pases en 180 minutos, La Roja tan solo ha sido capaz de generar seis disparos a portería (tres goles y un travesaño) ante dos selecciones del tercer y cuarto escalón europeo (Grecia y Georgia, 53ª y 89ª en el ranking FIFA).

España tiene problemas estructurales

Datos tan alarmantes como los propios resultados, espejo de un juego al que le sobran pases en cantidad industrial y al que le faltan pasos para llegar al gol. Es comprensible que el seleccionador nacional vacile. Las dudas individuales línea por línea se transforman en incertidumbres colectivas, puesto que la carencia de primeras espadas que resuelvan encuentros cuando el plan se tuerce es evidente. No hay nadie que, en tres cuartos, pueda enarbolar la bandera del liderazgo ofensivo y volar por los aires el sistema defensivo rival. Más cuando Sergio Ramos está entre algodones, Thiago Alcántara no anda fino y tanto Gerard Moreno como Ansu Fati restan en el dique seco. Dicho de otro modo, bien haría el aficionado español en abrocharse el cinturón porque vienen curvas y ya no estamos en la élite.

Albert Ortega

El diagnóstico de Luis Enrique es certero. El grupo no va sobrado de frescura e ideas en el último tercio del campo y se desmorona en partidos de picar piedra frente a rivales que esperan en los dominios de su portero donde abundan los balones al pie, la previsibilidad y el ritmo plomizo. En este sentido, no es que La Roja fallase mucho de cara a puerta o generase pocas ocasiones de gol a cambio de tener un gran control del partido como en tiempos de Vicente del Bosque, es que la teórica verticalidad y energía que le viene imprimiendo el preparador asturiano al equipo se ha quedado por el camino.

No obstante, hay cosas que sí dependen del técnico, como establecer un bloque titular o implantar automatismos que faciliten el camino hacia el gol; en definitiva, facilitar la vida a su equipo desde la pizarra. Se debería explotar la vía de profundidad que supone el centrocampista español más determinante del momento, Marcos Llorente, fomentar las sociedades entre jugadores jóvenes sin minutos juntos y empezar a dibujar el once que representará a España en la próxima Eurocopa. Por otro lado, hay multitud de aspectos, los más importantes, que dependen íntegramente del jugador y no de él.

Dani Olmo y Marcos Llorente estimularon al conjunto español en la segunda mitad. (EFE)Dani Olmo y Marcos Llorente estimularon al conjunto español en la segunda mitad. (EFE)Dani Olmo y Marcos Llorente estimularon al conjunto español en la segunda mitad. (EFE)

A la saturación del calendario antes del sprint final que viene en estos meses y que hace que los futbolistas vayan a medio gas o bien, tarden en carburar, hay que sumarle la escasez de desborde, profundidad, dinamita y agresividad con balón. “Nos ha faltado frescura y hemos generado bastante menos de lo que esperaba. Cuando tenemos el balón en campo contrario y conseguimos que el rival se repliegue, o estas fino y fresco…”, aseveraba el capitán del barco tras el encuentro ante Grecia. Frente a Georgia, en cambio, no hubo apenas nada que rescatar. Quizás la reacción del técnico reparando la redundancia y el taponamiento en banda con el cambio de Dani Olmo y de Marcos Llorente por Bryan Gil y Pedro Porro respectivamente. Quizás los esperanzadores minutos de Olmo. Quizás el liderazgo de Pedri en la base de operaciones.

Mañana la selección afrontará su último compromiso oficial (20:45 vs. Kosovo) antes de la Eurocopa. No es la primera vez que La Roja llega con interrogantes a un torneo internacional y acaba sorprendiendo a todos. No es la primera vez que las críticas acechan al seleccionador y ponen en tela de juicio a los convocados. Y aun así, qué importante sería superar con solvencia a un conjunto que cayó de forma contundente ante Suecia (0-3) para despejar las dudas de todos y cerrar con un buen sabor de boca este parón. Como

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