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Luis Suárez sella un triunfo agónico en Vitoria y mantiene al Atlético como líder (1-2)

El nuevo Atlético de Madrid es solidario sin dejar de ser atrevido. Controla lo que sucede en el terreno de juego, incluso cuando pasan pocas cosas como hoy y el partido se vuelve loco al final, y camina firmemente hacia el título de Liga. Un equipo móvil, paciente, experimentado y calculador. Sin prisas pero sin pausa. Profundo y con recursos. Puesto que el cambio de pelaje competitivo no le ha supuesto perder unos visos de identidad inherentes a la filosofía cholista: el castigo de cualquier error y el sentimiento de bloque compacto que comparten futbolistas como Carrasco y Lemar, recuperados para la causa colchonera.

No fue un partido deslumbrante como su tercera equipación frente al Deportivo Alavés, pero este equipo nunca se deshace de la fiabilidad defensiva y la habilidad de sumar de tres en tres. En un conjunto con evidente predisposición para el fútbol de ataque, los pupilos de Diego Pablo Simeone se encontraron un Alavés parapetado desde el inicio. Los locales regalaban el dominio territorial con dos líneas muy juntas y la maquinación constante de aprovechar un error del Atlético en la construcción del juego para elaborar contragolpes.

Carlos G. Urbano

El Atlético dibujó un partido de control. Koke Resurreción, Thomas Lemar y Marcos Llorente se juntaban por dentro, atraían contrarios, se coordinaban para sacar el balón jugado y buscaban filtrar un pase imposible ante la empalizada vitoriana. De este modo, Carrasco protagonizó la primera ocasión del choque con un tímido disparo interceptado por Fernando Pacheco en el minuto cinco. No pasó mucho más hasta que sucedió todo. Sin éxito durante 30 minutos, tan solo Yannick Carrasco agitó la coctelera hasta el ecuador de la primera mitad.

Cansado de volcar el juego por la banda de Lemar, Carrasco y Hermoso, el conjunto rojiblanco decidió intercambiar papeles con el Alavés. Acto seguido, el Atlético retrocedió 20 metros, cedió el balón al cuadro local y aplicó la misma inyección letal que quería administrarle Pablo Machín.

Entregó metros, permitió salir al rival y, cuando menos se lo esperaba, un error de Manu García en la entrega de un balón hacia atrás en las inmediaciones del área colchonera se tradujo en una sentencia de muerte para su equipo. El Atlético de Madrid articuló un veloz contragolpe en pocos pases mediante Luis Suárez y Marcos Llorente. El internacional español exhibió zancada, potencial y determinación para trazar una diagonal, sacudirse a su defensor y definir a la izquierda de Pacheco desde fuera del área en el minuto 41.

Los jugadores del Atlético de Madrid celebran el tanto de Marcos Llorente. (Reuters)Los jugadores del Atlético de Madrid celebran el tanto de Marcos Llorente. (Reuters)Los jugadores del Atlético de Madrid celebran el tanto de Marcos Llorente. (Reuters)

A la vuelta de vestuarios, el Alavés se vio obligado a arriesgar. El partido se abrió y tan solo la mala toma de decisiones de Luis Suárez en el 51′ y de Carrasco en el 60′ en el interior del área impidieron que el club madrileño aumentase su ventaja en el electrónico. En esa misma segunda jugada manifiesta de gol, Víctor Laguardia salió expulsado tras una entrada sobre Thomas Lemar y el Alavés se quedó con diez. Mientras, Simeone dio entrada a Joao Félix en el minuto 61 por Ángel Correa y el partido se puso cuesta arriba para los locales.

Buscó oxígeno el Alavés y Pablo Machín introdujo a ‘Tachi’ y Luis Rioja por Manu García y Borja Sainz en el 68. En el 69, Koke conectó con Carrasco en la izquierda, el belga alzó la testa, oteó el horizonte y puso un balón en bandeja de gol para Luis Suárez que el uruguayo erró por muy poco. El Atlético trataba de aprovechar su superioridad numérica y Machín de revitalizar a su equipo. De nuevo, Lemar estuvo apunto de marcar de falta en el 75, pero Pacheco mantuvo a su equipo en el partido.

A continuación, Machín puso toda la carne en el asador y optó por su pareja de delanteros titulares. Lucas Pérez y Joselu Mato entraron, el Alavés asedió la potería rojiblanca tras 80 minutos sin disparar a portería y Leujene dio el aviso con un remate que impactó en la cepa del poste. El dúo sacapuntos vitoriano fabricó una ocasión que Felipe tocó y se coló en la portería de Oblak en el 84. Con el 1-1, el Atlético se encomendó a su estrella, Joao Félix, y el portugués colocó un pase de la muerte para un Luis Suárez que ya había perdonado demasiado. Con 38 pùntos, tan solo una derrota y dos partidos menos, el Atlético le saca dos puntos al Real Madrid.

Yannick Carrasco, un filón ofensivo

La vuelta del belga al Wanda Metropolitano previo paso por China vino envuelta por la duda alrededor de un futbolista con condiciones espectaculares pero que en su anterior etapa no había conseguido seducir completamente al ‘Cholo’. Al fin y al cabo, la profundidad, el desborde, la amenaza con metros por delante y el potencial ofensivo de Carrasco eran argumentos de peso para incluirlo en cualquier once, pero su desconexión competitiva y la irregularidad deterioraban su figura. Pues bien, todo eso ya forma parte del pasado.

Yannick Carrasco conduce el balón, esta tarde. (Reuters)Yannick Carrasco conduce el balón, esta tarde. (Reuters)Yannick Carrasco conduce el balón, esta tarde. (Reuters)

La nueva versión del Atlético ha venido acompañada de un cambio de dibujo (3-5-2) donde Carrasco emerge como uno de los mayores beneficiados. Con Mario Hermoso ejerciendo de red de seguridad, el belga puede volar, sorprender desde atrás y reposar de tareas defensivas. Ahora bien, pese a ello, Yannick nunca deja al defensor madrileño a su suerte. Hermoso corrige y mima la espalda del belga en todo momento y éste último se encarga de perseguir a su lateral.

Sin olvidarse del equilibrio colectivo, el extremo belga -ahora reconvertido a carrilero- es, junto a Marcos Llorente, la daga ofensiva que genera la profundidad necesaria en el cuadro colchonero. A su habitual repertorio desequilibrante y pasadora, Carrasco ha sumado una mentalidad defensiva impagable para un futbolista de su inmenso talento. Regular, vertical y polivalente, el belga dibuja ventajas a través de su individualidad sin desenchufarse del juego.

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