Economía

Margrethe Vestager mantiene la puerta cerrada a los gigantes europeos

En febrero de 2019 hubo un terremoto en Bruselas que se sintió en toda Europa. Margrethe Vestager, entonces comisaria de Competencia desde 2014 y ya una estrella consolidada en la llamada “burbuja europea”, vetó la megafusión ferroviaria entre Siemens y Alstom para crear un gigante europeo. El cabreo en París y Berlín fue mayúsculo y abrió la puerta a meses de muchas tensiones entre la comisaria europea y los gobiernos francés y alemán.

Cuando la alemana Ursula von der Leyen, nombrada ya presidenta de la Comisión Europea, permitió que una Vestager convertida en vicepresidenta ejecutiva mantuviera la cartera de Competencia, muchos dieron por hecho que el precio que tendría que pagar la danesa sería ceder en su oposición a la aparición de gigantes europeos. Pero este jueves Vestager ha despejado dudas publicando una comunicación sobre una política de competencia adaptada a los nuevos tiempos y a la transición ecológica y digital: no hay relajación de las normas para la creación de gigantes europeos.

Nacho Alarcón. Bruselas

Francia y Alemania han mantenido su presión en los últimos meses para que Vestager abra la mano y se abra a la posibilidad de aparición de gigantes europeos con los que plantar cara a nuevos competidores en un mundo de gigantes dominado por Estados Unidos y China. Pero la vicepresidenta de la Comisión Europea ha acabado ganando el pulso y manteniendo la mano dura del Ejecutivo comunitario y la visión de Vestager de un mercado interior con un ecosistema de empresas de tamaño mediano y pequeño que son fundamentales para la competitividad europea y que estarían en riesgo con la aparición de gigantes europeos que, además, siempre tenderían a tener su eje de gravitación entre Alemania y Francia.

Nadia Calviño, vicepresidenta económica del Gobierno español, siempre ha apoyado esta postura de Vestager desde que en 2019 comenzara su pulso con el Gobierno francés y alemán, y ha sido de los pocos ministros que ha expresado públicamente su apoyo a las posturas de la vicepresidenta de la Comisión. Bruselas defiende con uñas y dientes su política de mano dura. El informe anual de la dirección general de Competencia señala que la Comisión estima que, en 2020, “el total de ahorro para los consumidores por prohibición de cárteles e intervenciones en fusiones se encuentra entre los 14.000 y los 23.300 millones de euros”.

“El total de ahorro para los consumidores por prohibición de cárteles e intervenciones en fusiones está entre los 14.000 y los 23.300 millones”

Ese es el palo. La zanahoria que Vestager ofrece a París y Berlín es la revisión de los proyectos importantes de interés común europeo (IPCEI). “Este marco permite a los Estados miembros y a la industria superar conjuntamente las deficiencias del mercado o los desafíos sociales, mediante la puesta en marcha de ambiciosos proyectos paneuropeos de manera transparente e inclusiva, al tiempo que garantiza efectos indirectos positivos para la economía de la UE en general”, señala el documento que ha publicado este viernes la Comisión Europea.

Eso no significa que la Comisión Europea no tenga en cuenta el mapa geoestratégico de la Unión. Bruselas propone que, “para fortalecer su capacidad de abordar todas las adquisiciones potencialmente anticompetitivas, la Comisión ha publicado orientaciones sobre la aplicación del artículo 22 del Reglamento de concentraciones para alentar, cuando proceda, a los Estados miembros a remitir para su revisión transacciones potencialmente problemáticas, incluso si no lo hacen, superan los umbrales de notificación nacionales”. Es decir, la Comisión quiere que las capitales tengan la posibilidad de dar la alarma en caso de que pequeñas empresas, “que tienen un potencial competitivo más allá de lo que indicaría su volumen de negocios”, puedan caer en manos de terceros.

Cambio climático

Además, Vestager centra buena parte de su atención en unas ayudas de Estado que ahora van a tener muy en cuenta el cambio climático. Por eso, en el documento publicado por la Comisión deja claro que Bruselas va a endurecer su control de ayudas de Estado cuando estas puedan tener que ver con energías sucias.

“Es poco probable que el apoyo estatal a proyectos que incluyan dichos combustibles, en particular los más contaminantes, como el petróleo, el carbón y el lignito, sea compatible con las normas sobre ayudas estatales”, señala la Comisión Europea en el documento, en el que también se apunta a una cierta relajación para el caso contrario, los proyectos que tengan por objetivo acelerar la transición ecológica. Por eso, para países como Francia, es fundamental una batalla que se está librando en segundo plano y que tiene que ver con la taxonomía, con el “etiquetado” de las energías. París quiere que el Ejecutivo comunitario considere como una energía limpia la nuclear, en la que el Gobierno de Emmanuel Macron ha anunciado que invertirá.

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