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Messi desprecia al ayudante de Setién ante millones de espectadores

Decir que Leo Messi le puede hacer daño al Barcelona suena extraño cuando es el futbolista que sostiene un proyecto inestable y con síntomas de enfermedad. En lo institucional y en lo deportivo el valor más seguro siempre está en Messi. Es la vacuna. Pero sí, Messi también pone de su parte para hacer más profundo el derrumbe cuando se comporta como un maleducado en las pausas de hidratación y desprecia las instrucciones del segundo entrenador. Tiene gestos tóxicos. Del partido del sábado contra el Celta se sigue hablando del desaire que le hace a Eder Sarabia en la segunda pausa, con las imágenes captadas por Movistar.

El ayudante de Quique Setién, al que se le reconoce por su ímpetu y actividad en el banquillo, cumple con su trabajo y la misión que le puedan delegar. No quiere ser un florero. Transmitir lo que ve desde el banquillo, los desajustes tácticos, qué se puede mejorar o dónde están los puntos débiles del rival. Lo que sea. Lo hace para sumar. El caso es que ese tiempo de hidratación es útil para enviar mensajes y dar instrucciones como si de un tiempo muerto en el baloncesto se tratara y los jugadores tienen la obligación y la responsabilidad de recoger esa información. Messi ignora a Eder Sarabia.

El mal gesto del argentino confirma que no está a gusto con este cuerpo técnico y lo menosprecia de tal forma que Setién decide permanecer en un segundo plano. El primer entrenador desaprovecha este tiempo que otros técnicos lo ven como una mini cumbre para poner las pilas a los jugadores si están relajados (es el caso de Zidane cuando les abronca por la desconexión) o arengar para subir la intensidad y la concentración (claro ejemplo el de Simeone). Quique Setién se cruza de brazos. Percibe que puede molestar a unos jugadores que llegan a la pausa con caras de frustración y nervios. Cada uno por su lado, conversaciones individuales, instrucciones de unos a otros, reproches, quejas… La imagen del Barcelona en los tiempos de hidratación son de desunión y falta de respeto con el cuerpo técnico que debe producir vergüenza ajena en la planta noble. También en los socios y aficionados que son partidarios de guardar las buenas formas.

La dignidad de Setién

Setién, por su carácter tranquilo y veteranía, tira la toalla y asiste a la autogestión. Se ha contagiado de los reproches, las protestas y las insinuaciones de favores arbitrales. Pero esas canas ya han visto mucho fútbol y, aunque hay quien pueda creer que el Barça le viene grande, conoce el poder y los egos de Messi y compañía. Palpa la tensión en los jugadores. Aún así, suelta algún que otro mensaje para salvar su dignidad. Como la falta de efectividad o los errores defensivos.

Pero Eder Sarabia no es Setién. El segundo entrenador del Barcelona es joven, de sangre caliente y tiene la vena hinchada. Ya se vio cómo vivió el Clásico en el Bernabéu y la polvareda que se levantó por su comportamiento. Le tuvieron que frenar, llamar al orden y pedir calma porque este vestuario no tiene nada que ver, por ejemplo, con el del Betis. A Sarabia le entra un ejercido de responsabilidad cuando llega la pausa de hidratación y se va a por los jugadores a dar instrucciones. Hace su labor. No debería molestar ni sentirse un bulto sospechoso. Pero actitudes como la de Messi son una bofetada a los responsables de la parcela técnica.

El desprecio de Messi se vio por televisión. (Movistar)El desprecio de Messi se vio por televisión. (Movistar)El desprecio de Messi se vio por televisión. (Movistar)

Messi se la dio con ese mal gesto de girarse y pasar de Eder Sarabia y, tras el partido, fue Luis Suárez el que desvió la responsabilidad en Setién por un nuevo pinchazo en la Liga. Se ha visto en otras imágenes como Jordi Alba sale del banquillo antes de que finalice el encuentro de Vigo y va por su cuenta. Son detalles suficientes como para darse cuenta de que hay discrepancias entre un núcleo con peso en el vestuario y el cuerpo técnico al que pueden ver que está de paso. Lo grave es que públicamente se escenifique la división con gestos y palabras que solo sirven para mostrarnos al tándem Setién-Sarabia como una sociedad sin autoridad ni crédito dentro de un vestuario ingobernable.

A Messi y Luis Suárez puede que no le gusten las alineaciones de Setién y las instrucciones que da Sarabia en su horario de trabajo. Pero los que salen perjudicados con este tipo de actitudes también son ellos por su falta de profesionalidad y humildad con sus superiores. No son un buen ejemplo. Hasta que lleguen otros están obligados a admitir que un equipo de trabajo tiene diferentes responsables en distintas áreas. Ellos son jugadores, estrellas, cracks en el césped, y tienen que convivir y respetar a sus entrenadores.

Falta por saber qué puede hacer el presidente Josep María Bartomeu para poner orden en un grupo de jugadores que sienten que están por encima del club y los entrenadores. Igual que hacen un feo y menosprecian a Setién y Sarabia se ponen de acuerdo para emitir comunicados y arremeter contra los directivos o dar entrevistas para opinar y presionar del fichaje de Neymar.

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