Viajes

Mucho más que Canarias y Baleares: una ruta por las otras islas de España

Si pensamos en islas españolas nos imaginamos de inmediato en Canarias o en Baleares. Son nuestros dos grandes archipiélagos. Sin embargo, islas en España hay muchas más.

Después de todo se tiene que notar que nuestro país tiene alrededor de 7.905 km de costa. Se reparten entre el litoral peninsular, los archipiélagos ya mencionados, las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y las denominadas plazas de soberanía diseminadas por el norte de África.

De modo que es fácil que con tantos kilómetros de costa tengamos muchas más islas que visitar. En Civitatis han hecho un listado que destaca algunas de las otras islas de España.

El Parque Nacional de las Islas Atlánticas alberga una de las islas habitadas más pequeñas de Galicia. Localizada cerca de la ría de Pontevedra, con una historia que se remonta al Paleolítico, la isla de Ons ofrece a sus visitantes la posibilidad de conocer un típico pueblo costero gallego, disfrutar de playas de arena dorada y degustar una gastronomía exquisita.

Muchos lo desconocen, pero las costas de la Región de Murcia albergan algunas de las islas más pequeñas de España. Frente al Puerto de Mazarrón se encuentra La Islica, unas tierras abruptas en cuyas aguas se han encontrado naufragios de dos buques fenicios. La isla llama la atención desde tierra firme por su antiguo caserón y las numerosas poblaciones de aves que anidan en la zona, sobre todo de gaviotas y garcillas.

Cerca de la localidad de Deltebre se encuentran unas tierras de apenas cinco kilómetros de longitud: uno de los humedales mejor conservados del Mediterráneo peninsular. Su formación en el Delta del Ebro comenzó en el siglo XVIII, creciendo poco a poco durante 200 años. Ya en el siglo XX, llegó a albergar a unas cuarenta familias dedicadas al cultivo del arroz. Hoy en día, esta isla marítimo-fluvial es un paraje deshabitado ideal para respirar la paz de la naturaleza.

Ubicada cerca de Puerto Real, la isla del Trocadero es un lugar perfecto para disfrutar de un atardecer mágico en la bahía de Cádiz. Gaviotas, cigüeñas, garzas, buitrones y otros animales son los principales habitantes de este lugar declarado Zona de Especial Protección para las Aves. Por otra parte, estas tierras andaluzas, de apenas cuatro kilómetros de longitud, tienen un importante valor histórico. Además de las ruinas del fuerte de San Luis, del siglo XVIII, aquí se han encontrado ánforas fenicias y romanas y restos de balas de cañón de la Guerra de la Independencia.

Nova Tabarca, conocida también como Tabarca, es una de las islas más pequeñas de España y la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. Menos de ochenta personas residen en estas tierras enclavadas en el Mediterráneo a solo veintidós kilómetros de Alicante. Su sorprendente recinto amurallado, declarado Conjunto Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural, fue levantado en el siglo XVIII por orden del rey Carlos III para defender la isla de los ataques de piratas musulmanes.

La pequeña isla de Santa Clara nunca ha estado habitada. La única excepción habría que buscarla en el siglo XVI, cuando los enfermos de la peste fueron enviados allí para mantenerse alejados del resto de la población. Hoy en día, este islote de la bahía de La Concha cuenta con unos curiosos y célebres vecinos: las lagartijas ibéricas de San Sebastián, una especie endémica. Más allá de las curiosidades históricas y la fauna local, lo cierto es que este lugar del País Vasco ofrece una de las postales más típicas de la capital guipuzcoana.

La ría de Arosa alberga un pequeño islote que apenas roza los dos kilómetros de longitud. Al igual que Ons, la isla de Sálvora está integrada en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Una antigua fábrica de salazón, ocho hórreos tradicionales, una capilla, la escultura de una sirena y una antigua aldea conforman este mágico lugar deshabitado donde parece que el tiempo se ha detenido.

Y finalmente, en Canarias y Baleares, algunas islas más allá de las muy conocidas y visitadas.

Tras décadas de reclamaciones ante lo que consideraban un número injusto, La Graciosa pasó a convertirse en la octava isla de las Canarias. Como parte integrante de la Reserva Marina del Archipiélago Chinijo, estas tierras destacan por su importante valor paisajístico y, también, por sus tradicionales poblaciones marineras, como Caleta del Sebo y Pedro Barba. A día de hoy es posible explorar La Graciosa como turista gracias a un servicio de ferry que une con Lanzarote en apenas treinta minutos.

Menos de diez habitantes residen en la pequeña isla de Lobos, ubicada en el noreste de Fuerteventura, cuyo nombre procede de un antiguo asentamiento de focas monje en estas tierras. En este parque natural conviven más de un centenar de variedades de plantas y aves diferentes y, según estudios de la Universidad de La Laguna, llegó a ser frecuentado incluso por exploradores de la Antigua Roma.

El origen de la Isla Dragonera es incierto, aunque se cree que estas tierras son una porción de la sierra de Tramontana que se separó Mallorca miles de años atrás. Con el tiempo, el islote se convirtió en un punto estratégico para defender el archipiélago de los continuos ataques de piratas. De esta época aún quedan ruinas de torres de vigilancia que se remontan a los siglos XVI y XVIII.

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