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Nadal se despide del Abierto de Australia tras una remontada espectacular de Tsitsipas en cinco sets

Cuando el partido de cuartos de final llevaba una hora y media, Rafa Nadal protagonizaba una paradoja muy prometedora en el Abierto de Australia de la pandemia: a medida que el perfil de los rivales aumenta, más fáciles parecen ser sus partidos. Había jugado bien en tercera ronda contra el británico Norrie, su primer contrincante de cierta entidad, cuando le limitaba aún el dolor de espalda. Había jugado muy bien contra el incómodo Fognini en octavos. Y, este miércoles, tras un partido de extraordinaria intensidad y precisión, el español arrasaba a Stéfanos Tsitsipas (sexto en el ‘ranking’ mundial): 6-3 y 6-2. El mallorquín se mostraba francamente recuperado de sus dolores de espalda y Roger Federer debía de estar nervioso en su residencia de Wolerrau ante la expectativa de que el domingo, dentro de dos encuentros, Rafa se convirtiese en el jugador con más Grand Slams en la historia de este deporte.

P. C.

El partido, lamentablemente, terminó siendo bien distinto. Se había desequilibrado en el octavo juego, con 4-3 en el marcador, tras el olfateo inicial entre ambos. Nadal rompió el buen servicio del griego y elevó el ritmo para acorralar a un jugador que empezaba a sufrir y a pegar malas derechas en posición de ataque. Cinco juegos seguidos se llevó Rafa (6-3 y 2-0) hasta desesperar a Tsistispas con unas piernas explosivas y un revés autoritario. El griego intentaba ser agresivo, pero el español era un frontón de mármol. El griego sacó a relucir su saque en un instante y logró un juego en blanco para cortar la racha y colocarse 2-1, ya con un ‘break’ de desventaja. Fue un espejismo.

Incontrolable

Los movimientos constantes de Rafa anegaron a Tsitsipas durante la media hora posterior en la pista central Rod Laver de Melbourne, inmovilizado el pujante atleta de 22 años por un campeón 12 años mayor que él (Tsitispas le había ganado ya una vez en Madrid, en 2019, sobre tierra batida). Nadal, que había cometido solo nueve errores en el partido, intensificó el ataque y se colocó 5-1 en apenas 20 minutos. Estaba siendo demasiado sencillo: un juego para cada uno con el servicio y 6-3, 6-2 en menos de hora y media.

Nadal, en acción durante el partido. (Reuters)Nadal, en acción durante el partido. (Reuters)Nadal, en acción durante el partido. (Reuters)

Hasta entonces era indudablemente el mejor partido de Nadal hasta el momento, con saques directos en momentos decisivos y una concentración suprema. Una tormenta tropical. “¿Cómo ganar a Nadal cuando juega un partido perfecto?”, preguntaban en Eurosport. “Solo es posible si logras que se cuestione su propia táctica”, explicaba Mischa Zverev, el hermano de Alexander, derrotado un par de horas antes por el también recuperado Djokovic en la misma pista.

Reacción de Tsitsipas y primacía del saque

No se sabe si fue un cambio mental de Nadal, un salto cualitativo de Tsitsipas (en un torneo que por edad y superficie le era muy propicio) o una mezcla de ambos factores, pero el sexto mejor tenista del mundo decidió salir del caos en la tercera manga. Recuperó progresivamente su orgullo y su magnífico servicio para ir equlibrando el partido en una manga dominada enteramente por los primeros servicios de ambos jugadores: con la mayoría de los juegos en blanco, muy sólido Nadal con su derecha para contener la rebelión helena tras algún buen resto. El griego, sin embargo, había dado un verdadero paso al frente: con 5-5 y 40-15 llegó a sacar el puño, satisfecho por su reacción. Nadal no dudaba de su táctica, pero Tsitsipas era otro tenista, agresivo y luchador. Arriesgado.

El set desembocó ineludiblemente en el ‘tie break’. Tsitsipas desperdició el primer punto. Nadal el segundo, solo para machacar un mal globo. Después mandaron los saques hasta que con 3-3 Rafa falló otro ‘smash’. Después pegó una caña. Y, sorprendentemente, el griego se llevaba el tercer set sin sufrir demasiado la muerte súbita. No iba a ser un partido tan breve.

Cuarto set

Un Tsitsipas mucho más incisivo había hecho perder a Nadal su primer set del torneo. ¿Quizá se había confiado en exceso el español por la sorprendente facilidad de los dos primeros sets? El caso es que la euforia se contenía necesariamente: el partido se había enredado y era francamente igualado. El griego empezó a golpear la bola muy fuerte y siempre dentro de la pista, crecido y confiado en su juego.

Tsitsipas celebra un punto. (EFE)Tsitsipas celebra un punto. (EFE)Tsitsipas celebra un punto. (EFE)

Nadal, lógicamente, subió de nuevo la intensidad y jugó descaradamente al ataque con su servicio, empeñado en mantener la iniciativa frente al aluvión. Fueron juegos rápidos, sometidos por el servicio de cada uno. Hasta el quinto juego, con 2-2, en el que el balear remontó dos bolas de set con 15-40. Tsitsipas infundía muchísimo respeto. Eran ya unos buenos cuartos de final de un Grand Slam. Un partido con tensión, gritos y puño cerrado.

El griego estuvo siempre más cerca del ‘break’ que Nadal, exigido al máximo para tratar de igualar a cinco. Un magnífico cuarto set, el número dos del mundo en apuros, sostenido por su lance menos decisivo: el servicio y los saques directos. Tantas veces se puso por delante el griego que terminó llevándose la manga (6-4) y elevando el partido a otra categoría. A Nadal solo le habían remontado dos sets en un Grand Slam una vez en su carrera: el italiano Fognini en el USA Open de 2015.

Comenzó con fuerza la manga Rafa, especialmente a partir del tercer juego (en blanco: 2-1). Pero la igualdad era extrema. Un altísimo nivel de tenis frente a las gradas vacías de la pandemia, entre voleas inverosímiles y la plena insolencia (deportiva) del encendido Tsitsipas ante el mito ibérico. Con 4-4, Nadal exhibió un poderío aún mayor con el servicio y se colocó a un juego de las semifinales. Dio igual; el griego igualó a cinco sin fisuras. Más puños triunfantes. Casi cuatro horas de juego.

Tres bolas de partido

Y en el undécimo juego, para sorpresa general, el griego se colocó 0-40 y terminó ganando el juego en blanco. 5-4: la remontada podía ser auténticamente memorable. Nadal no había dispuesto de ninguna bola de ruptura en el tercer, cuarto o quinto set. Pues bien: llegó a colocarse 0-30, pero no alcanzó esa instancia. Salvó una pelota de partido del griego. Pero los saques de Tsitsipas eran espectaculares. Levantó también la segunda Nadal. Tuvo incluso su primera bola de ‘break’ en más de dos horas. (Falló después una volea franca). Su legendaria capacidad de sufrimiento estaba al límite. Y, a la tercera, Stéfanos Tsitsipas logró una victoria sencillamente fabulosa con una derecha en paralelo inalcanzable.

Rafa Nadal sigue siendo el mejor deportista español de todos los tiempos, pero no será este domingo cuando se convierta además en el mejor tenista de la historia (al menos el que más Grand Slams ha ganado). Australia sigue siendo esquiva: su única victoria queda ya 12 años atrás.

“Empecé muy nervioso”

Stéfanos Tsitsipas estaba exultante tras el partido: afirmó que había empezado con demasiados nervios y dijo no poder expresar lo que pasaba por su cabeza en un momento definitorio de su carrera. Nadal no se escudó en la cuarentena, evitó cualquier queja (repitió que “mucha gente está sufriendo”) y prometió volver, como siempre, el año próximo. “Me voy mucho más sano de lo que llegué”.

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