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No hay político en España capaz de llegar al ciudadano como estos 2 minutos de Bustinza

El Leganés baja a Segunda división. De nada le valió el empate contra el Real Madrid y que el árbitro ni el VAR le dieran la razón en una acción polémica por una mano de Luka Jovic en el área que habría significado el penalti con el que poder haber evitado el descenso. Este tipo de manos se han señalado en otros partidos. Se podía sentir perjudicado. Podría haber puesto el grito en el cielo. Haber recurrido al discurso fácil del victimismo y las ayudas arbitrales a los equipos mayores. Pero no sucedió nada de esto.

Unai Bustinza, su capitán, tuvo una mirada amplia y profunda de lo que representa el fútbol en la actual coyuntura y la lección que puede dar al resto de la sociedad verlos pelear hasta el último segundo para evitar el descalabro del descenso a la Segunda división. Sin excusas y con lágrimas en los ojos le salió de dentro del corazón ponerse como ejemplos para animar a los que puedan estar sufriendo otro tipo de problemas que son más dramáticos.

No tiene desperdicio la arenga, entre sollozos, del futbolista al resto de españoles: “Si vale como ejemplo, pues bueno. Estamos en un momento jodidos todos. Hay gente que está jodida en el hospital. La situación del país es mala. Pero si vale como ejemplo lo que hemos hecho de mantenernos vivos hasta el final, luchar, no bajar la cabeza y, aunque, a nosotros no nos ha dado… Es un orgullo llegar así hasta el final. Si el fútbol puede valer para algo, que sea como lección de eso: que nadie se rinda, que sigan luchando hasta el final y, aunque el resultado no es el esperado, la sensación y el sacrificio merecen la pena”. Un político no podía haber improvisado un mejor y más conmovedor discurso de aliento a un país devastado.

Unai Bustinza Martínez, 28 años, lleva cinco años en el Leganés y ya vivió un ascenso. Sabe de lo que habla. No es un populista. Pero también conoce lo que se sufre en Segunda y lo que cuesta lograr un ascenso. Se le conoce como un jugador batallador. Juega de defensa y tiene un alto sentido del compromiso y la responsabilidad. Entre sus episodios más famosos está la trifulca que tuvo con Neymar cuando el brasileño, en la final de la Copa del Rey entre el Athletic de Bilbao y el Barcelona en 2015 en el Camp Nou, le intentó ridiculizar con un regate que le llaman la ‘lambretta’. Una especie de sombrero, levantando el balón con las dos piernas. El Athletic ya iba perdiendo 1-3 y eran los minutos finales del encuentro. Una jugada innecesaria. Neymar se quiso adornar y provocó lo que provocó. Una tangana. Bustinza no se lo permitió porque entiende el fútbol como la vida. Un acto de generosidad, respeto y nobleza.

El fútbol como analgésico

Hay varios triunfadores que merecen tener un papel destacado al término del campeonato liguero. Se le da el mérito a Javier Tebas por haber creído, en el momento más duro de la pandemia en España, por el regreso a la competición. Hay un reconocimiento al Real Madrid por haber sido el equipo más regular en las once jornadas y a Zidane, en especial, por su gestión de la plantilla en un calendario exigente en el que había que jugar cada tres días. Pero hay un discurso que pone el colofón a la Liga que tiene que ser igual o más celebrado que el papel del presidente de la Liga y el del entrenador del Real Madrid. Es el que ofreció Unai Bustinza nada más terminar el partido en Butarque, contra el Madrid, y en el que se consumó el descenso del Leganés.

Hemos estado entretenidos en España durante más de un mes con el fútbol, con partidos sin público que estaban alejados de la sensación de espectáculo que estamos acostumbrados, pero servían para recuperar la actividad económica de este sector que representa el 1,4% del PIB y distraernos de la gravedad que ha provocado el coronavirus. Se ha hecho todo lo posible para que el fútbol, según ha reconocido el propio Pedro Sánchez y el ministro Salvador Illa, hiciera de efecto analgésico. A los futbolistas se les ha visto como privilegiados. Podían regresar a su trabajo, pasaban test de forma masiva y periódica. Mientras, había problemas de suministro para el resto de la población y los sanitarios. La vuelta al fútbol no tenía la aprobación de un país que pedía priorizar la salud y no entendía el afán o los intereses que movían acabar una Liga. Pese a que Alemania fue la pionera con un estricto protocolo, en Francia se suspendía. El miedo a los contagios estaba ahí, lo sigue estando, pero a los futbolistas se les hizo un traje blindado.

Unai Bustinza persigue a Benzema en el partido entre el Leganés y el Real Madrid. (Efe)Unai Bustinza persigue a Benzema en el partido entre el Leganés y el Real Madrid. (Efe)Unai Bustinza persigue a Benzema en el partido entre el Leganés y el Real Madrid. (Efe)

De ellos había una percepción de ser unos privilegiados. Primero por cómo se mostraban en las redes sociales con apariciones en las que se podía comprobar los lujos de sus domicilios durante el duro confinamiento. Después entramos en las polémicas de las reducciones salariales y los ERTE que pedían clubes con presupuestos millonarios y futbolistas adinerados. El fútbol español parecía vivir al margen de la problemática y el catastrofismo del resto de la sociedad.

Ha habido actos de solidaridad y compromiso de este sector para arrimar el hombro y financiar, a modo individual e institucional, el abastecimiento de material sanitario. Una cosa no quita la otra. Pero el fútbol y los futbolistas volvieron a su normalidad en un país quebrado por los daños económicos que provoca el coronavirus. Si faltaba ese gesto más sincero y profundo del dolor y la empatía que pueden tener los profesionales del deporte, las palabras de Bustinza sirven de aliento y esperanza a todos aquellos españoles que están en un momento crítico.

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