Economía

No te rías de la quinoa: puede ser la ganadora de la crisis de fertilizantes que asola al campo

Raquel Rodríguez tiene un perfil un tanto especial. A sus 27 años, esta leonesa es una joven agricultora que volvió a su tierra, en plena España vaciada, tras estudiar la carrera de ADE. Un cambio llamativo, diferente, y que se acentúa al saber que no lo hizo para cultivar lo de siempre, o al menos no solo. Hace algo más de tres años, decidió apostar por dar un pequeño giro a sus plantaciones y ahora empieza a recoger lo sembrado como una de las imágenes del fenómeno de la quinoa en nuestro país. Sí, el pseudocereal llegado del altiplano peruano como uno de los superalimentos de moda se ha convertido en una alternativa cada vez más afianzada en nuestro campo. Y la crisis que se avecina con el aumento del precio de los fertilizantes y el resto de insumos agrarios puede catapultar aún más su siembra.

La subida de los precios de las materias primas ha llegado al campo en forma de crisis de fertilizantes (muchos de ellos necesitan de gas para fabricarse), cierre de fábricas o precios altísimos en los combustibles a los que se suma la escasez hídrica. Tanto es así que desde muchas asociaciones y grupos ya se habla de que estamos ante «la campaña agraria más cara de la historia«. Y frente a este problema, que impacta de manera clara en cultivos tan esenciales como el cereal, alternativas como la de la quinoa empiezan a ganar fuerza, al menos como complemento. Un tipo de planta adaptada ya a nuestro país y que necesita de muchísima menos agua y menos productos para su explotación.

Alicia Alamillos

«No es exacto, pero te puedo decir que la quinoa necesita unas tres veces menos de agua que el maíz y unas cuatro o cinco veces menos de fertilizantes nitrogenados para tener rendimientos interesantes«, detalla en conversación con Teknautas la agricultora leonesa. Su caso, bajo el paraguas de lo que han denominado como Quinoa del Páramo aún es una pequeña excepción, unas cinco hectáreas que este año han recogido sus primeros frutos tras años de investigación. Sin embargo, es un ejemplo del crecimiento de este cultivo en un campo español con cada vez más problemas de agua y con la necesidad de explorar nuevos horizontes si quiere adaptarse a lo que viene.

«Ahora ha saltado el tema de los fertilizantes y el agua, pero es que vamos a tener que adaptarnos a este tipo de soluciones si queremos cumplir con la PAC que viene y con las exigencias medioambientales que empiezan a pedir desde Europa de más rotación y uso menor de fertilizantes», señala Rodríguez. Desde su explotación, hacen cálculos rápidos y, aunque señalan que no es algo perfecto, como todos los cultivos, pueden tener problemas y, por ejemplo, las estructuras de venta en nuestro país aún son muy pobres, reafirman su apuesta con la rentabilidad. «A grandes rasgos, mientras una hectárea de maíz te puede dar unos 1.500 euros, una de quinoa sube hasta los 1.700 o 1.800 por el ahorro en los costes».

Hectáreas de quinoa. Imagen cedida por Quinoa del Páramo.Hectáreas de quinoa. Imagen cedida por Quinoa del Páramo. Hectáreas de quinoa. Imagen cedida por Quinoa del Páramo.

Esta semilla surge como una alternativa, o más bien un complemento, con cultivos tan estratégicos en nuestro país como la cebada, el trigo o el propio maíz, que es el mayoritario en la zona leonesa que conoce Rodríguez. «Aquí casi todo se basa en el maíz, y es un cultivo que puede ser muy rentable y productivo, pero, sin querer entrar a valorar más (dejamos claro que no venimos a sustituir a nadie, sino a complementar), el tema de los monocultivos cada vez tiene peores expectativas y más volatilidad porque dependes muchísimo de mercados internacionales y decisiones casi geopolíticas si me apuras. Lo que intentamos mostrar es que mover cierta parte a algo como la quinoa te ayuda a diversificar, es bueno para la tierra, para el medioambiente y para el negocio».

Si abrimos un poco el foco, es fácil ver que, aunque iniciativas como la de Rodríguez están aún en pañales, ese discurso empieza a calar y que este tipo de opciones no deja de ganar adeptos en nuestro país. España ya es el principal productor de quinoa de Europa, exporta prácticamente la totalidad de lo que genera y su superficie no para de crecer. De las cerca de 1.500 hectáreas que había de quinoa en 2017 hemos pasado a más de 6.600 en 2020. «Nuestra idea es pasar de las cinco hectáreas que tenemos a las 250 para el año que viene, y lo cierto es que por ahora el ‘feedback’ está siendo muy bueno. Hay muchos agricultores de la zona interesados, sobre todo los jóvenes y a los que les da menos miedo arriesgar un poco», comenta Rodríguez.

En España, eso sí, el primer puesto del ‘ranking’ se lo lleva Andalucía, y en concreto Algosur, una compañía que aglutina la mayor parte de las hectáreas dedicadas a este cultivo en nuestro país. En la región sureña, una de las más afectadas por los problemas hídricos y que se encuentra en situación límite con la sequía declarada en la mayor parte de la cuenca del Guadalquivir, muchos agricultores se han sumado a la quinoa en los últimos años como alternativa a la que agarrarse. Y es que Rodríguez también señala otra diferencia importante que comparten con Algosur, una empresa con la que también trabajan. «Nosotros hasta ahora ofrecemos a todos los agricultores que se suman un contrato de compra por lo que no hay que preocuparse del precio en lonjas de medio mundo ni corres riesgo por la volatilidad del mercado».

Un momento complejo

Todo esto se mueve en lo que agricultores andaluces como Fernando Rodríguez, ingeniero agrónomo y técnico de ASAJA Sevilla, denominan como una «tormenta perfecta» que amenaza con asolar el campo español en, al menos, los próximos meses. «Han subido todos los costes por el incremento de las materias primas y encima no está lloviendo, por lo que la situación no puede ser más compleja. Te daría datos y demás, pero es que sinceramente la incertidumbre es total, es lo que queremos transmitir. Como encima todo va de la mano, pues se complica. Incluso para los ganaderos que al final necesitan de los pastos y de los piensos para poder trabajar. Si hay sequía, no hay pastos y, si suben los productos químicos, suben los piensos», comenta Rodríguez.

Tierras andaluzas afectadas por la sequía. (EFE/Alcaide)Tierras andaluzas afectadas por la sequía. (EFE/Alcaide) Tierras andaluzas afectadas por la sequía. (EFE/Alcaide)

Este técnico, que ve los problemas de primera mano, asegura que muchos agricultores se van a replantear sus siembras y dedicarán buena parte del terreno a otras opciones como la citada quinoa, el girasol o la remolacha para evitar los costes de los cereales, pero esto también trae problemas y es que España es deficitaria en este producto tan crucial. «De nuevo es muy pronto para saberlo, pero habrá que ver si para la próxima primavera no hay escasez de cereal. El trigo blando, que va principalmente a animales y pan creo que se verá menos afectado, sin embargo, se notará más en el trigo duro (más dedicado a la pasta, por ejemplo)».

Todo ello, y es lo más curioso, en un ‘rally’ de precios de esos mismos productos agrícolas que no para de crecer. «Es una situación muy difícil porque la inversión nunca ha sido más alta, pero a la vez es un momento en el que el producto final se está pagando altísimo por lo que la apuesta es muy complicada», añade.

Desde ASAJA resumen las subidas que llegan a cerca del 200% en el caso de los fertilizantes, con la Urea 46% pasando de los cerca de 300 euros la tonelada a 650. Una subida generalizada y global, aunque se nota más en los fertilizantes NPK. «A nosotros, cuando los agricultores nos piden precio de fertilizantes les comentamos: ‘Este es el precio ahora, pero puede variar en 15 o 30 días, depende mucho de lo que la fábrica nos envíe‘. Está subiendo una barbaridad», dice Bruno Quintana, vendedor de fertilizantes en Gran Canaria.

Apunta a dos razones para esa subida: la escasez de materias primas y, en menor medida, el encarecimiento del transporte. «Los márgenes con los que trabajamos son muy cortos porque hay mucha competencia. No puedes irte muy arriba, porque si no le compran a otro. Así que, si se encarece el producto, al final tienes que subir el precio. Y lo paga el que menos culpa tiene de todo: el agricultor», explica.

Rodrigo Carrillo, desde sus tierras en la región de Cuenca, muestra una realidad similar. Cada caso es diferente y particular, pero, en el suyo, está haciendo acopio de abonos y otros productos necesarios para su campaña ante el riesgo de que los precios se disparen. «Encontramos abono a buen precio justo antes de que la cosa empezase a subir sin parar y hemos podido echar algo a las tierras y también estamos apostando por comprar otros productos con la idea de intentar aprovechar la campaña. Al final, la cebada, que es lo que más se trabaja aquí, se paga a unas 50 pesetas el kilo, cuando se han llegado a dar por buenas las 25 pesetas por esa misma cantidad», comenta el agricultor.

Coincide con Rodríguez en que la situación es de incertidumbre total, eso sí, señala otros aspectos que encienden las alarmas. «Falta mucho hierro para los aperos, y sin aperos sí que no podemos hacer nada. Se habla entre los agricultores y demás de que están abriendo nuevas fábricas y que empezarán a llegar repuestos, aunque ahora mismo hay una escasez que es casi lo más preocupante. Y, si le añades la subida de precios del gasoil y demás, todo se hace aún más complicado».

No será algo temporal

Lo que añade Raquel Rodríguez desde su proyecto es que, incluso si esta crisis se soluciona rápido o vuelven los precios a lo habitual, lo cierto es que el campo español está abocado a la reconversión. O al menos tendrá que añadir nuevas variedades a sus explotaciones. ¿La razón principal? Lo pide Europa y el clima. «La PAC que saldrá en 2023 exigirá más rotación y un menor consumo de fertilizantes si quieres recibir todas las ayudas y, aunque no será obligatorio cumplir con esto, lo cierto es que sin dichas ayudas será aún más difícil sobrevivir. Hay que hacerse a la idea».

A esto hay que añadir los problemas hídricos de zonas como Andalucía, como señalaba hace unos días el presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), Joaquín Páez. Andalucía lleva «25 años en el cambio climático» y esta situación crónica obliga a repensar los modelos actuales. «Esto no es Normandía, estamos muy expuestos al cambio climático«, añadía.

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