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Otro cromo para la colección: Pogačar suma Luz Ardiden 

Si a usted le gusta el ciclismo (y algo le gustará, porque está leyendo esto y mis artículos no es que los anuncien en “Pasapalabra”) debe subirle un gustirrinín así, bien gordo, por la columna vertebral cuando escucha la palabra “Tourmalet”. Es un como el Vaticano para un católico, solo que aquí puedes andar en bici por la habitación privada del Papa y hacerte fotos así, tontorronas, en su incólume cama. Ah, y que no te cobran por entrar, algo que se agradece bastante.

Y eso, que siempre tiene su punto, ¿no?, cuando los ciclistas pasan Gripp y aquello empieza a mirar al cielo de forma desafiante. Leve estremecimiento, un saber de sufrir y gozar que se repite desde hace más de un siglo. Ahí está la gracia, supongo, en seguir los pasos de Lapize, o de Eugène Christophe (el herrero más desafortunado de todos), o de Fontan, Trueba, Vietto, o de Bartali y Coppi y Bahamontes y Jiménez y Merckx. Todos ellos. Lleva ahí (casi) desde siempre, el Tourmalet. Es como un anclaje que, julio sí y julio no, viene a recordarnos nuestra propia mortalidad en contraste a la suya, tan inexistente.

(Ah, también recordamos a Marthe Hesse, ojo… otro día les cuento su historia).

Marcos Pereda

Este año tocaba por La Mongie, que es cosa de doler, con todas esas galerías, y esa rampa tan puñetera en mitad del pueblo, que, digo yo, podían hacer el paso por los pueblos más suaves esos ingenieros de caminos, porque allí suele haber gente, y tú subes como una garrapata, retorciéndote más que Paco Mancebo en un concurso de break dance (sí, ya sé que esto es un oxímoron) y ellos allí, mirándote mientras maman birra en una terraza, sonriendo un poco, los muy sinvergüenzas, como si nada, como si tú no hubieses llevado un estilo im-pe-ca-ble justo antes y justo después de ese momento. Pero, en fin, qué les voy a contar a ustedes que ya no sepan.

Ah, sí. Que todos nuestros respetos al col. Todos.

La dureza de Luz Ardiden

Y luego Luz Ardiden. Luz Ardiden. Perico entre la niebla, Herrera que acecha, Peio llora. Cubino en casa. Cubino en casa. Cubino otra vez en casa, es la tercera, y esta vez en la carrera de casa. Virenque de lejos. Armstrong que se cae, el Tour es para Ullrich. Ullrich que lo espera, el Tour es para Armstrong (solo que algo debió ocurrirle, porque acabo de mirar el palmarés y no sale como ganador… tuvo mala suerte, Armstrong, porque siempre llegaba fuerte a la Grande Boucle, pero al final no ganó ninguna). Vamos, historia para aburrir. Y dureza también bastante, oigan, que igual el Hors se le queda un poco amplio, pero la habrá ido de poco. Vamos, ni queja en ese sentido.

Alguna más en otros. El fondo, de nuevo. La ausencia de, para ser más exactos. En esas etapas que les hemos citado (las de hace un siglo, las de hace dos décadas) Tourmalet y Luz Ardiden (cuando tocó) iban seguiditos, sí, pero sobre todo iban con muchos kilómetros y muchos puertos. Qué menos, oigan, que a esto lo llaman ciclismo de fondo en carretera porque se hace por carretera y porque… en fin, a estas alturas por tradición. Llanada hasta Campan, luego los dos altos a palo seco. Menos de 130 kilómetros, que es distancia de salida cicloturista (salida gorda, vale, salida de esas de contar a los colegas y poner fotos en el twitter, pero salida). Así las fuerzas se igualan, así los buenos son menos buenos y los malos son menos malos. O, dicho de otra forma, buenos y malos ruedan parecido, y eso no es exactamente lo que fue el Tour de Francia a lo largo de su historia. Parece batalla perdida, como la de las cronos, pero reseñarlo es casi obligación moral…

Imagen de la etapa en Luz Ardiden con Pogacar vigilando las escapadas. (Efe)Imagen de la etapa en Luz Ardiden con Pogacar vigilando las escapadas. (Efe) Imagen de la etapa en Luz Ardiden con Pogacar vigilando las escapadas. (Efe)

Con todo… a ver, hay dureza suficiente como para meter leña, ver cosas. ¿Lucha por el jaune? Pues oiga, a estas alturas no voy a venderles milonguitas… lo tiene el esloveno más que amarrado, ¿eh? Pero todo lo demás… en el aire. A veces en el aire con niveles bien altos (la clasificación de la montaña), a veces en el aire más por defecto que por virtudes (los puestos nobles de la general). Interés, con todo. Si es que nos encanta esto, amigos…

La lucha en el Tourmalet

Y… Tourmalet, porque hasta entonces una salida tranquilina de pocos kilómetros. Escapada por delante, con Alaphilippe haciendo mucho gesto y Mohorič haciendo mucho gasto. Cavendish se descuelga, pero va a entrar dentro del tiempo, porque Cavendish siempre entra dentro del tiempo, aunque se suban en la etapa ocho de los catorce ochomiles. Ataques de un montón de gente. Rolland. Miguel Ángel López. Omar Fraile. Guerreiro. Elissonde. Gaudu. Hasta Nairo. Un poco de todo, entremeses fríos y calientes.

Qué bonito es el Tourmalet, amigos. Primero el bosque, todo tan verde, todo tan de pradera y olor a casa. Luego esa curva de herradura a la derecha, que parece no acabarse nunca, y ves abajo un pequeño embalse, y ya sufres cual perruco, y el bordillo de piedra donde se apoyan genial las bicis que pasa cada vez más despacio, y luego llegan las galerías, y qué coño me ocurre, esto qué es, si no parece tan pindio, y luego La Mongie, y vaya vistazas, oye, cómo duelen las patas. En fin, que ritmillo. Muchos caen de maduros, otros por pasotas (porque a estas alturas de Tour ya me dirán ustedes), los de más allá aguantan a ver si cazan algo. Cinco minutos a Cavendish y falta casi todo el puerto. Tranquilos, confiantes.

Marcos Pereda

Cinco a cima. Confiantes.

Cuatro a cima. Ya llega, ya.

Tres a cima. Mira la niebla, qué chula.

Dos a cima. Parece que sufre Urán.

Mil metrucos y coronamos Tourmalet. Qué duro es este deporte. La fatiga, eh, la fatiga. Mira qué chupados ya por los esfuerzos.

Col du Tourmalet. Primero Latour, luego Gaudu. Se lo han fumao, macho, se lo han fumao. En fin… perdone usted, Col venerable.

Velocidad en las herraduras

Y con las mismas se empieza Luz Ardiden, porque el descenso solo sirve para que sufran quienes bajan mal y se relajen quienes que bien bajan. Tensar es cosa de cobardes, sinvergüenzas y bachi-buzuk. Luego… oh, zafarrancho, cornetilla, tararí, tararí, cañones retumbando a lo lejos, avanti popolo, y etcétera… Se pone a tirar Ineos, con ese ritmito tontorrón que siguen sin problemas cuarenta tíos. Pero ellos ahí, dale que te pego, preparando lo que parecen masacres y acaban siendo episodios de “Mi pequeño pony”. Se agradece que Ineos no pierda cara al Tour cuando tienen todo perdido, pero igual deberían ponderar un cambio de estrategia, toda vez que la actual funciona solo cuando tienes al más fuerte (y cuando tienes al más fuerte cualquier estrategia vale, en realidad). En fin, ellos sabrán.

Vamos, que trote cochinero, o algo por el estilo. Gaudu delante, a Gaudu que lo pillan. Poels se queda, Quintana se queda. Muy duro, ¿eh?, muy duro, mucha exigencia. Treinta tíos delante, diez kilómetros a meta, se llevan recorridos 120. Tao tira con todas sus fuerzas, Guillaume Martin va leyendo la Crítica de la Razón Pura, van Aert le pregunta por el Tractatus lógico-philosophicus, porque van Aert a estas alturas sirve para todo. Pogačar suda… ojo que Pogačar VA SUDANDO… no, falsa alarma, era un poco de agua que se había echado por la cabeza. Tao aprieta, Vingegaard piensa que se debe ver chulo París desde arriba del pódium, ¿no?, total, tampoco vamos a volvernos locos ahora. Van Aert grita. Que el punto siete es una chorrada, joder. Martin intenta explicarle que no, que tiene lo suyo. Pello Bilbao manda saludos a Momparler, Valverde le cuenta cosas de cuando corría Davide Rebellin (ejem). Tao tira. Se queda Meintjes y algunos cronistas entran en Google para ver cómo se escribe su apellido. Tao tira. Aguanta Dan Martin, que sube generando electricidad con cada chepazo. A Lutsenko se le hace largo el Tour. Tira Tao. Muchas herraduras, que cogen a toda leche, porque estos las herraduras las aprovechan para acelerar, no como usted, que parece una culebrilla…

Marcos Pereda

Ojo… ojo… cambia completamente la carrera. Entra Rafal Majka. También gregario, pero de otro equipo. A Majka no le suele gustar trabajar para sus compis, pero en este Tour lo está haciendo bastante (bueno, el día del Mont Ventoux fueron unos veinte metros, pero nos entendemos). Como tiene patas los que iban asomados al abismo ven cómo el abismo se asoma a ellos (si no lo entienden pregunten a Guillaume). Tampoco es Merano-Aprica 94, entiéndanme, pero oiga… Ah, Urán ya pierde más de cinco minutos, así que el pódium parece bastante claro.

Entonces el líder coge la cabeza, y se queda solo con otros cinco tíos. Los habituales Carapaz y Vingegaard junto a Kuss y Mas, que asciende jaskulianamente. Algunos suben silbando, pero es que hay tanta diferencia… Entre ellos se disputa la etapa. Al sprint, o casi. ¿Tourmalet? No me lo recuerden, por favor.

El ataque de Enric Mas

Lo bueno de ir como Jaskula es que Jaskula ganó en Pla d´Adet allá por el 93, así que Enric Mas lo intenta con todas sus fuerzas. Lo malo de ir como Jaskula es que él ganó a Indurain, que pasaba de todo, y ahora corres contra Pogačar, que pasa a todos. Otra foto para la colección, segunda victoria pirenaica en dos días. Tercera este año. Sexta en total. Más dos (avanzamos) generales. Más dos (avanzamos) maillots al mejor joven. Más dos (avanzamos) premios al mejor escalador. Más el premio especial al primer pelirrojo. Todo eso con 22 primaveras. No está mal. No está nada mal.

Pena para el resto, pero es imposible.

Ah, el pódium parece decidido, con Vingegaard y Carapaz jugándose el segundo puesto sobre la cabra. Mas es sexto, porque hoy estuvo bien, pero tampoco tan bien como para decir, joder, qué bien estuvo. El Tourmalet muy bonito, eso sí. Y Pogačar intratable.

Intratable.

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