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Paula Badosa, la nueva estrella del tenis que tuvo que aprender a gestionar su éxito

Paula Badosa está firmando una temporada espectacular. A sus 23 años, la catalana está firmando su consagración en el mundo del tenis: no solo ha conseguido el primer título de su carrera, tras derrotar a Ana Konjuh en la final del Abierto de Serbia, sino que está firmando números que permiten pensar que estamos ante una de las jugadoras del futuro. Ya en el Masters 1.000 de Madrid alcanzó las ‘semis’, un registro que ha igualado en Indian Wells, siendo la primera española en lograrlo desde Conchita Martínez en 2003. Ahora tiene a su alcance ser la primera española en conseguir este tipo, además del objetivo de estar entre las 10 mejores raquetas del mundo el próximo año y, de momento, va en el buen camino.

Badosa llegó al tenis nacional como un soplo de aire fresco. Nacida en Nueva York en 1997, descubrió el deporte casi por casualidad, pero pronto se enamoró del mundo de la raqueta y, lo más importante, demostró que tenía cualidades para llegar muy alto. Tan altas eran las expectativas que generaba con su juego que, tras ganar el torneo ITF de San Jorge, con solo 16 años fue convocada por Conchita Martínez para el equipo de Copa Federación. Corría el año 2014 y lo mejor estaba por llegar: un año más tarde, llegaría la consagración de que la tenista afincada en Girona estaba llamada a ser una de las futuras estrellas del tenis nacional.

En 2015, se convertiría en campeona de Roland Garros en categoría júnior, mismo año en el que debutaría como profesional en el circuito WTA, en el que consiguió llegar a la tercera ronda del Masters de Miami. Su tenis iba creciendo, las expectativas eran cada vez mayores y sus éxitos también, al convertirse en 2017 en campeona de España tras derrotar en la final a Carla Suárez… pero algo cambió. La propia Badosa lo explicaba en ‘Marca’: «Tenía talento, pero no estaba preparada para lo que la gente esperaba ni para la presión que se me puso encima». Y entonces la depresión se cruzó en su camino, dejando el tenis en un segundo plano.

«La depresión vino a causa de no hacer bien las cosas, tenía mucha presión y ansiedad, me vinieron muchos miedos porque veía que no cumplía las expectativas. Hay que contarlo para normalizar las cosas. No tenía ganas de ir a una pista y menos de competir, pero también me afectó en mi vida personal. No quería salir de casa ni tenía ganas de hacer nada», explica. En ese momento, decidió fijarse en sus dos ídolos, Nadal y Sharapova, para tratar de entender qué le sucedía y cómo salir de ese pozo profundo en el que se encontraba. Dos palabras fueron claves: escuchar y humildad. Volver a disfrutar y ser feliz con lo que hacía era la clave.

Fueron meses muy duros, donde Badosa tuvo que luchar contra sus propios fantasmas para volver a sonreír. Pero hizo lo que Boluda no logró: encontrar la senda en la que el tenis volvió a fluir de manera natural por sus venas. El talento no había desaparecido y, poco a poco, comenzó a quitarse los miedos de encima… Eso sí, empezando desde abajo, desde los torneos ITF hasta lo más alto. En un par de años, sumó cinco nuevos títulos ITF a su palmarés para, año a año, ir escalando puestos en el ‘ranking’ de la WTA… hasta llegar a 2021. A sus 23 años, ha encontrado la estabilidad que necesitaba y está firmando el mejor año de su carrera profesional.

Por primera vez en su carrera, alcanzaba las semifinales de dos torneos WTA, Madrid (WTA 1000) y Charleston (WTA 500), para, hace solo unos días, hacer historia y conseguir su primer título, convirtiéndose en campeona en Belgrado (WTA 250) ante Ana Konjuh. Hace solo unos meses, Badosa se encontraba inmersa en un proceso depresivo que le impedía siquiera hacer vida normal: a base de trabajo, esfuerzo y aprendizaje, no solo ha superado una de las etapas más duras de su vida, sino que ha conseguido volver a sonreír y disfrutar de lo que más le gusta, el tenis. Y, ahora, queda por saber dónde está el techo de la tenista española.

El gran sueño de Badosa en poder ganar algún día Roland Garros, ese torneo que ya ganó en categoría júnior. Badosa se ha convertido en un ave fénix, una joven promesa que lo tenía todo para triunfar pero que no supo asimilar el éxito y que, ahora, se ha sobrepuesto a las adversidades, ha dado un puñetazo sobre la mesa y ha demostrado de lo que es capaz. Tras superar todas las adversidades, Badosa vuelve a sonreir: lo ha demostrado en Indian Wells y en una temporada que supone su despegue deportivo. La española está imparable y vuelve a ser feliz jugando al tenis. Su techo sólo lo sabremos en los próximos años.

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