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Pedro Cortés, el ocaso de un hombre de fútbol

Rodeado de entrenadores, jugadores y periodistas deportivos, Pedro Cortés (Valencia, 73 años) siempre presumió de ser un hombre de fútbol. Locuaz, divertido y deslenguado, Cortés contaba como nadie el último chascarrillo. Casi todos hablaban bien de él. Fue entrenador de los infantiles del Valencia CF en los años ochenta, presidente del club de Mestalla en dos fases muy distintas, delegado de la federación española en la época gloriosa de España y hasta representante de jugadores en esta última fase.

Cayetano Ros. Valencia

Precisamente de esta última ocupación le ha llegado el procesamiento de la juez de Primera Instancia de Paterna por supuestos abusos sexuales a un canterano del Valencia, de 16 años, por unos hechos acaecidos el 22 de noviembre de 2020: cuando acercaba en su coche al joven futbolista a la residencia de la Ciudad Deportiva de Paterna, donde, desde entonces, el expresidente tiene vetada la entrada por parte del club presidido por Anil Murthy, que se ha puesto de parte de su canterano.

Los últimos años han golpeado con dureza al expropietario de Seur, la empresa de transporte rápido que lo hizo millonario en los años noventa. Pedro perdió a su hijo Pedro Cortés Contreras, de 42 años, el 28 de julio de 2017, muerto de manera repentina. Después de vender Seur y de distintos avatares financieros, la situación económica de Pedro Cortés es “delicada”, según gente de su entorno. Y ahora litiga contra este encausamiento.

Pedro Cortés. (EFE)Pedro Cortés. (EFE) Pedro Cortés. (EFE)

A Pedro nunca le faltó sentido del humor. “Este sitio se mueve más que la silla del barbero”, dijo para referirse a la inestabilidad de la presidencia del Valencia CF. Llegó a la cima de Mestalla en diciembre de 1997 después de que su archienemigo, Paco Roig, se marchara tras una derrota ante el Salamanca y un grito unánime del público para que se fuera. Cortés pacificó la entidad, el equipo de Claudio Ranieri ganó la Copa del Rey del 99 al Atlético de Madrid (3-0) y ese Valencia de Héctor Cúper se preparó para las curvas de las dos finales de Champions perdidas ante el Real Madrid (2000) y el Bayern de Múnich (2001).

Ambas con Cortés en la presidencia. Pedro rondaba los cincuenta, vivía en la cresta de la ola, y su despacho lucía una colección inmensa de americanas a fin de domar la coquetería. El expresidente valencianista había sido un niño emigrante español en Alemania en los años sesenta. “Hice de todo: recados, cortaba el césped, limpiaba coches…”, dijo en una entrevista de Lu Martín en ‘El País’. Después regresó a España y logró el sueño de convertirse en el presidente del Valencia, donde presidió esa final de Champions contra el heráldico Bayern de Franz Beckenbauer.

Cayetano Ros. Valencia

Antes, Cortés también vivió otra época mucho más decadente en la sociedad de Mestalla: sustituyó al doctor Vicente Tormo en la presidencia la temporada del descenso a Segunda, en 1986, y vendió al centrocampista Robert Fernández al Barça por 100 millones de pesetas como la única vía de recuperar un dinero que él había prestado a la entidad valencianista. Eso le había dejado mala fama entre el valencianismo, largamente recuperada con los años posteriores en la Champions.

Ya apartado de su vinculación al Valencia, Cortés alargó su idilio con el fútbol siendo delegado de la selección española: entró en 2002 y participó de manera entusiasta de todos los éxitos primero de Luis Aragonés (de quien fue íntimo amigo) y después de Vicente del Bosque. A tal grado de complicidad llegó Cortés con los jugadores de La Roja que el central Piqué, en un exceso de confianza, le escupió en la cabeza durante la celebración, por las calles de Madrid, del título mundial en junio de 2010 conquistado en Sudáfrica. “Es una chiquillada”, le disculpó Cortés.

En enero pasado, 11 años después del triunfo de Sudáfrica, Cortés renunció a su cargo en la selección para “no dañar la imagen de la federación” durante el proceso judicial que se sigue contra él. Cortés ha proclamado su inocencia, pero la juez ha visto indicios de que abusó del canterano que le denunció. La sonrisa se le congeló en los últimos años.

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