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¿Piloto del día? ¿Solo? Porque Fernando Alonso nos regaló al artista más sublime

Ningún punto mejor que la cámara de a bordo de Lewis Hamilton para apreciar el singular talento de Fernando Alonso a bordo de un monoplaza. Siempre anticipando la maniobra de su rival más rápido para anticiparse por aquí, o la mejor trazada defensiva por allá. Situando el monoplaza en el lugar exacto para que el británico no pudiera pasar, ni por dentro ni por fuera. Sin perder la compostura ni el control, sin maniobras fuera de lugar, evitando magistralmente cada misil que iba a lanzarle el británico, resistiendo sin temblores cuando se colocaban en paralelo, levantando imperceptiblemente el pie para frustrar y luego impedir que Hamilton aprovechara su velocidad brutal, y sin juego sucio. Así, tantas veces, una detrás de otra.

“Hamilton tiene un segundo y medio de coche, y un segundo mas o menos de ruedas, dos segundos y medio de ventaja”. Pero contra semejante músculo Fernando Alonso desplegó todo un repertorio de habilidades al volante para mantener mantuvo a punta de estoque durante once vueltas al Mercedes del campeón del mundo, pero con el sexto o séptimo monoplaza de la parrilla. Hasta Hamilton lloriqueaba por la radio en un momento dado, el mismo piloto que venía del episodio de Silverstone con Max Verstappen. “Lewis siempre se queja”, remachaba Alonso tras la carrera. Le sacó de quicio por impotencia y porque destrozaba esa victoria que Wolff le había anticipado por la radio con las simulaciones actualizadas sobre la marcha.

¿Piloto del día, Fernando Alonso? Efectivamente. Pero algo más. No fue elegido por los aficionados su compañero Esteban Ocon, que había logrado su primera victoria, sino quien había terminado quinto. Del Gp de Hungría no quedará para la historia tal resultado, sino su magistral e histórica defensa frente a Lewis Hamilton. Porque volvían a enfrentarse en un sensacional mano a mano dos de los pilotos más grandes en la historia de la Fórmula 1. Un duelo que sirvió para recordar el arte al volante enmarcado por los cuarenta años recién cumplidos el pasado jueves. Entonces, en la fiesta que le dedicaba el equipo Alpine, Alonso se ofrecía para agradecer en la pista carrera el cariño. Vaya si lo hizo. Esteban Ocon y Alpine lograban su primera victoria gracias a esa titánica y majestuosa defensa con Lewis Hamilton.

Son ya tres carreras consecutivas saliendo del tiesto en la Fórmula 1. Bakú, Red Bull Ring (aquel Vettel por el camino en la última curva), la clasificatoria sprint, el gran premio británico… Pero Hungaroring fue diferente y Hamilton le proporcionó a Fernando Alonso la oportunidad para exhibir el jugo macerado de casi dos décadas de competición al más alto nivel con ese talento propio de puñado de privilegiados. En 2003 salía del trazado magiar como el ganador más joven de la historia. En 2021, con cuarenta años, Hamilton no podía meterle el cuerno por ningún lado durante once vueltas. Sin ganar, permitió la increíble e inesperada victoria de su compañero.

Pero también rumiaba la victoria que pudo ser. “Va a estar caliente delante, y tenemos que intentar ganar posiciones gratis”, anticipaba el sábado. Se quedó corto, aunque escocía. “La verdad es que hemos tenido una suerte otra vez malísima en la salida, porque hubiésemos podido estar en la posición de Esteban y Sebastian, que salíamos octavo, noveno y décimo y mira, el ir por fuera en la primera curva nos vino mal y perdimos muchas posiciones y un poco la carrera”. Porque el español salía rodeado de los dos primeros clasificados en el podio. Escocía. Siempre por dentro en las salidas, y hoy tocaba por fuera, el sitio equivocado. Alonso cruzó por entre la maraña del ‘demolition derby’ de la primera curva y se recuperó en la séptima posición. Luego, aguantó con su primer juego de neumáticos hasta que no dio más de sí. Y luego llegó Hamilton.

El británico recortaba a un ritmo de dos segundos por vuelta tras su última parada en boxes, al igual que cuando se lanzó a por Ocon y Vettel. Aunque ya era demasiado tarde. Tan brutal ritmo realzaba el muro magistral levantado por Fernando Alonso. Mercedes estaba enmendando magistralmente su enorme error con Lewis Hamilton. El británico tenía la victoria en las simulaciones. Solo faltaba ejecutarla en la pista. Hasta que ese aficionado a los juegos de cartas sacó todos los trucos de su repertorio al volante. En Baku y Silverstone, para atacar. Esta vez para defender. Quien sabe de carreras saber apreciarlos.

Superado por una apurada de frenada, Alonso la dejaba botando. “Hamilto cometía siempre los mismos errores en las tres últimas curvas, y no conseguía adelantarme”, explicaría después el español. “Estaba esperando para ver cuándo iba a hacer la última curva normal y adelantarme a las primeras de cambio, que es lo que hizo con Carlos, hizo la última vuelta normal y le duró una vuelta. Tenía que haberle durado eso yo, pero como digo, iba cometiendo algunos errores, sabía que no lo iba a poder mantener. Al mismo tiempo, cada vuelta que pasaba detrás era oro de cara a la victoria, porque si no hubiese llegado a la cabeza de carrera”. Como efectivamente así fue tras superar rápidamente a Carlos Sainz. A Hamilton le faltó el tiempo que Alonso le había robado.

“Si no hubiera sido por Fernando, hoy hubiéramos ganado la carrera”, confirmaba Toto Wolff al cerrar su balance de tan accidentado gran premio para su equipo. En 2008, el español logró la última victoria para Renault en la Fórmula 1, con un equipo en franca decadencia. En 2021, su heredero Alpine ha retomado el testigo con la victoria en el GP de Hungría con monoplaza que ocupa una jerarquía similar en la parrilla a aquel mismo año. En el mismo equipo, de vuelta, Fernando Alonso, el piloto que esperaba a su compañero para subirle en brazos al celebrar el triunfo ¿Hubiera ganado tras más de una década Renault/ Alpine en Hungaroring sin la presencia del español? No hace falta responder.

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