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¿Pilotos de F1 o humoristas en las redes? La vieja escuela se resiste al ‘racing tiktok’

Pilotos y aficionados fieles a la tradición, se resisten a las nuevas formas ‘disruptivas’ de seguir el deporte. El automovilismo no es ajeno a la revolución que está sufriendo el mundo de la comunicación y las formas de entretenimiento. En mayor o menor medida todos los deportes están experimentando un progresivo desafecto por parte de las nuevas generaciones y, para revertir esta tendencia, los promotores se afanan en innovar con acciones de lo mas variopinto, que además de mucha controversia tampoco parece de momento que estén dando resultados positivos.

A diferencia del pasado, es cierto que resulta muy complicado retener a los aficionados más jóvenes dos horas detrás de un televisor. No digamos ya cuando la competición se ha vuelto previsible y dominante por parte de los mismos deportistas o equipos. Si a esta circunstancia se le añade que las plataformas de pago por visión todavía ponen más barreras de entrada a la gente joven, tenemos la tormenta perfecta para que el perfil del seguidor de los deportes en general envejezca de forma irremisible. La Fórmula 1 tampoco es ajena a ello.

Pagar para entrar en el circo.

Por codicia o por cortedad de miras los esfuerzos para ganarse a una audiencia juvenil no se concentran en simplificar reglamentos o facilitar y adaptar el contenido a sus teléfonos móviles con un acceso gratuito. Cada vez es más frecuente la tendencia a realizar experimentos que aumenten la imprevisibilidad de la competición por un lado y fomenten la interacción con el aficionado por el otro. No hay duda que alguna de estas acciones surtirán efecto, pero por otro lado, atención al rechazo que pueda generar en los participantes y aficionados más tradicionales.

Como ejemplo, resultó bastante cómico ver al inimitable Kimi Raikkonen en el momento de la filmación de los gestos de los pilotos que luego aparecen sobreimpresionados en la retransmisiones. El finlandés, fiel a su leyenda, despachó la acción con un gesto que decía algo así como: ‘No estoy aquí para hacer el payaso’. Si ya de por sí, para los pilotos muchas veces era una tortura los actos de relaciones públicas, donde la torpeza de algunos patrocinadores, ponía a los deportistas en situaciones embarazosas, ahora se suma una serie de ‘actuaciones’, donde tienen que parecer muy simpáticos y cercanos.

Hay pilotos con gracia natural, como el caso de Daniel Ricciardo, donde el tema puede resultar creíble, pero en otros la acción está metida tan con calzador, que a algunos pilotos les resulta denigrante verse, poco mas o menos, como personajes de circo. El problema, es que no se trata de un fenómeno ni mucho menos pasajero y, cada día se fuerza más a los pilotos a colaborar en contenido de todo tipo. A veces destinado a las redes sociales y en otras para filmaciones como la serie de Netflix ‘Drive to Survive’. En esta producción, ya por su tercera temporada, al principio se detectaba cierta espontaneidad al no sentirse los protagonistas excesivamente ‘filmados’,pero cada vez los guiones y sus protagonistas están más teatralizados.

Mendigar el voto en las redes

Si los deportistas tienen que pasar por el aro de esta nueva comunicación, algo similar sucede con el formato de las competiciones. La Fórmula 1, sin ir mas lejos, tiene previsto introducir esta misma temporada una carrera corta al sprint y se amenaza también con implantar un formato de dos carreras con parrillas de salida invertidas, en la segunda de estas. No menos controvertidas han sido otras innovaciones al formato ya introducidas en la Formula E. Por ejemplo, como el ‘push to pass’, donde gracias a los votos de los aficionados, los pilotos con mas seguidores pueden disfrutar de potencia extra en sus coches y disfrutar de una ventaja en el momento crucial del adelantamiento.

Sin ir mas lejos, en la prueba inaugural de la Extreme E este pasado fin de semana hemos visto también un esquema similar, donde los votos de los aficionados podían ayudar a sus pilotos favoritos, en la siempre crucial posición de salida. Sin entrar a juzgar cuanto de todo esto ataca o no al famoso lema de ‘que gane el mejor’, lo cierto es que resulta al final bastante patético ver a campeones del mundo como Nico Rosberg suplicando votos en las redes para los pilotos de su equipo. No parece lógico que las rivalidades en la pista se extiendan a las redes sociales, buscando a ver quién disfruta ese seguimiento necesario para importantes ventajas en la competición real.

La injusticia de la nacionalidad

Nadie niega que sea positivo una cierta interacción de los aficionados, pero de ahí a que tengan un papel tan decisivo media un abismo. Es una competencia además, absolutamente desleal porque, para ganar seguidores, tendrá infinitas más posibilidades un estadounidense sobre un irlandés o un brasileño sobre un portugués, pues aunque ambos hablen el mismo idioma, las diferencias de población y por tanto de seguidores potenciales son abrumadoramente diferentes. En este sentido, debería haber servido de lección la sempiterna presencia del jugador chino Yao-Ming en el partido de las estrellas de la NBA, pues al ser confeccionado por los votos on-line de los aficionados, China unida votando descabalga de la votación hasta al mismísimo LeBron James.

Otro efecto perverso de esa lucha por los seguidores en las redes sociales es la deriva hacia una insana rivalidad entre los aficionados del mismo país, con debates que salen con frecuencia de lo deportivo y entran en la animadversión personal. Vean el caso por ejemplo de Fernando Alonso y Carlos Sainz. Ambos gozan de una muy buena relación personal y, detractores aparte, una enorme mayoría de la afición disfruta apoyando a los dos y disfrutando cómo compiten. De entrar en juego una ventaja derivada de una participación de los aficionados que favoreciera o perjudicara a un piloto u otro, todo ese ‘buen rollo’ desaparecería y empezaría a enrarecerse el ambiente tanto entre la afición como entre los propios pilotos.

En definitiva, los promotores de las competiciones, en busca de ese Eldorado del público joven se han olvidado que quizá las nuevas generaciones de aficionados lo único que necesitan es facilidad de acceso, no innovaciones creativas ni ‘tik-toks’.

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