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Qué bonita la Vuelta por mi casa: Jakobsen gana en Bezana

Ay, que me ha llegado La Vuelta a casa.

Seguro que ustedes se acuerda, de chavalucos. Pasaban los ciclistas y todos bajábamos a la calle, y con suerte luego te veías en la tele con los pantalones esos feísimos que había antes, y el pelo cortado por tu vecina (ella contaba que era peluquera, pero ni de coña), y todos aplaudiendo, y un poco folclórico el asunto, y además las bicis van que ni te enteras, visto y no visto, no como cuando sales tú, que te da tiempo a contar pétalos de cada orquídea.

Ahora es un poco distinto, porque hay más opciones de salir en pantallas (de tronista, en el móvil de su primo Paco, haciendo el mongolo por cualquier fiesta) y todos estamos un poco así, en plan más cínico. Por mí bien, ¿eh?, sería muy cínico que no me gustase el cinismo… pero claro, se pierde magia. Y, aun así… con esa pose de sarcasmo ácido que usted tiene, con esas patillitas bien arregladas, con ese mirar de “tú a mí que me vas a ir explicando, si yo vi a Omar Hernández en Cerler”… pues oigan, que eso, siempre hace ilusión ver pasar a los corredores por sitios que miras cada día al levantarte.

Aunque me hagan insultos, ¿eh?, porque me hacen insultos. La etapa termina en Bezana, que eso bien. Pero el resto… ay, el resto. Un solo puerto. Puntúan un solo puerto. Vamos, no me jodas, no me he dejado yo plumas por esos caminos desde antes de tener pelo en el pecho para que ahora venga nadie a decirme que, mira, no, es que son repechucos. Que no me jodan ustedes, en serio, que me enfado. A ver, bien lo de puntuar hijas de tercera categoría, porque es un sitio bastante mítico, y monótono, y tienes dos rectas que te aburres bastante subiéndolas. Por el pueblo, aclaro, es cosa más dura, pero por el pueblo hay carrejos que igual no entran dos ciclistas, ojo. Ah, subiendo Hijas mi amigo Chuchi, muy fan de los equipos ochenteros, subió un día comiéndose el bocata de chorizo. Ahí, mostrando clase. Vamos, que no hay rampones del veinte, aclaro, ni nadie los pide.

Jakobsen celebra la victoria. (EFE)Jakobsen celebra la victoria. (EFE) Jakobsen celebra la victoria. (EFE)

San Cipriano, un mito

Pero luego viene lo otro. El agravio. Supremo. Eso me ha dolido, Unipublic, esto no me lo esperaba. Pistolas, al amanecer, playa de Liencres, mis padrinos irán a hablar con los suyos. Porque lo de San Cipriano… hostias lo de San Cipriano. Que no es un puerto, San Cipriano. Que solo una cuesta, San Cipriano. Que no te flipes, con San Cipriano. Y yo por ahí no paso… no paso. Porque hablamos de mitos, de experiencias legendarias. La romería que hacen arriba, cada mes de septiembre. Espacio de tránsito vital para todos los chavales de mi generación. Vamos, que habrá unos cuantos bebés por Torrelavega (y alrededores) que respondan al nombre de “San Cipriano”. O al de “Malas decisiones”, eso también. Los conciertos en Cohicillos, con sus costras, y sus chinches, y su pilón, y sus cachis baratos, y sus callejas oscuras, y el Tuten encima del escenario, berreando. Qué grande el Tuten, berreando.

Y luego lo otro. Lo otro. Ciclismo puro, de alto nivel. Muchos quilates. Todos los del mundo. Porque San Cipriano fue testigo del, seguramente, mayor duelo que haya visto el mundillo de la bici en décadas. Desde Coppi y Bartali, al menos. Allí dirimieron contienda mis amigos Moya y David. Copichuela por premio, además de la honrilla, que a ambos se les presupone, supongo. Para qué extenderme… batalla cruenta, llena de tomas y dacas, ataques lejanos, desfallecimientos, dolor, más épica que en una peli de Schwader… Saursch… que en una peli de Stallone (la de los muyahidines no, no está el horno para bollos), más emotiva que un discurso de Martínez Almeida. El resultado fue lo de menos, porque aquella tarde ganamos todos. Miren, miren… piel de gallina.

Todo esto para contarles que… no hagan caso. La etapa tenía bastante más chicha de lo que parece. Y eso que salió buen tiempo, porque estas cosas con lluvia… ojo cuidao. A Hijas sumen San Cipriano. Y luego Las Quintas, donde ganó Merckx. Y más tarde Pedroa, que escuece. Y El Perujo, que pica (al principio de la cuesta hay un cartel en el que, muy optimistamente, se lee “full gas”). Y Liencres, que araña. Y repechines aquí y allá. Y todas esas cosas. A ver, no es alta montaña, y tampoco media, pero en esta situación, empezando el tramo final de la Vuelta y con el terrenito que hay… escapada. Complicado para los sprinters. Eso sí, paisajes preciosos. Para un día que no llueve debemos aprovechar la promo…

La finalización de la etapa. (EFE)La finalización de la etapa. (EFE) La finalización de la etapa. (EFE)

Fuga de cinco corredores

Y eso, que fuga. Cinco tíos. Descansa Caja Rural (hay viento sur, y eso da dolor de cabeza aquí en el norte, así que tienen mi comprensión), pero van Burgos y Euskaltel. Luego Stan Dewulf y Dimitri Claeys, que garantizan la cuota de nombres acojonantes del día. También anda por ahí Quinn Simmons, recién salido del casting de “Me llamo Earl”. Hay un montón de maizales, y también bosques, y sol, y la gente tiene sonrisas y los brazos algo morenos. Visión totalmente ficticia de Cantabria, repetimos, que luego vienen aquí a hacer turismo de playa, y no hay manera, y se enfadan, y toman los cruces sin poner el intermitente, y no veas qué de tráfico y encima se vuelven enfurruñados hasta sus hogares, ya me lo sé yo…

Tampoco es que pillen mucha distancia. Los primeros, digo, porque parece que algunos quieren jugársela al sprint FDJ, para Démare. Deceuninck para… en fin, para cualquiera, desde Jakobsen hasta el mecánico, tres masajistas o Lefevere en pantuflas y bata de felpa. Yo ya les dije que había mucha cuesta, y que los culos gordos lo iban a tener jodido, pero a mí nadie me escucha, aunque hablo en voz muy alta, y aquí hay gente que empieza a mirarme raro, y cuatro o cinco tipos con camisa de Movistar cuchichean, ahora Mas qué, so listo, que eres un listo. Algo así.

E imágenes.

La colegiata de Castañeda por la tele. Muy bonita.

Las Cuevas de Monte Castillo. Por fuera molan menos. Ah, ahí también hay una cuesta criminal. La Capía, le dicen. Malísima. Pero malísima, malísima.

La décimo sexta etapa de La Vuelta. (EFE)La décimo sexta etapa de La Vuelta. (EFE) La décimo sexta etapa de La Vuelta. (EFE)

Coño, Hijas desde el aire tiene su cosa.

Mira, en esa curva me caí yo una vez, hace años.

San Cipriano lo suben a toda leche estos, le van a quitar el récord a Madrazo. Por cierto, esperaba ataques de Madrazo hoy. Así no se gana uno la Play 5, ¿eh, Ángel? Anda, se corta Jakobsen. Si ya les comentaba yo que esto era un puerto. Un señor puerto. Espero que no pare a tomar el blanco arriba. ¿Les he dicho que allí hay un bar donde ponen unos blancos domingueros buenísimos? Pues eso. No, Fabio, tú no. Tú a currar.

Y así todo.

Ah, van muy rápido. Mucho. Y ha salido mi huerta. En la tele. Hostias, qué honor, mi huerta. Pena que ya haya quitado los tomates, porque los tomates lucen mucho, pero qué honor. Ordenadita la tengo, mi huerta.

El pelotón en la décimo sexta etapa. (EFE)El pelotón en la décimo sexta etapa. (EFE) El pelotón en la décimo sexta etapa. (EFE)

Una larga subida

Quince kilómetros, suben El Perujo (bastante más rápido que el periodista especializado en ciclismo medio) y en meta suena Thunderstruck, de AC/DC, que es un poco Paquito el Chocolatero con guitarra eléctrica y cazalla en voz. Desde prepúberes hasta abuelas acompañan el optimista sonsonete metiendo sus buenas hostias en las vallas, lo que constituye lenguaje universal. No sé de qué, pero universal. Ah, los escapados aguantan con treinta segundos. Parece que no llegan. Les va a costar, porque el tema no es llano, pero… Sprint, me como mis palabras. Subestime las fuerzas del pelotón, sobreestime las fuerzas de mis salidas adolescentes por recorridos idénticos. A Dewulf, el último, se lo comen cuando quedan cuatro kilometritos.

Y luego, en la volata… Bueno, en la volata hay un montón de gente levantando el móvil por encima de sus cabezas, que no sé yo muy bien lo que podrás grabar así, pero bueno. Eso nos perjudica a los altos, porque antes veíamos todo bien (salvo con lluvia, cuando los paraguas se convertían en trampas sacaojos), y ahora hay muchos estorbos, y no hace tanta gracia. En fin. Ah, ganó Jakobsen, sin duda justo premio tras haber sufrido en San Cipriano, superar la tentación de parar a tomar el blanco y, finalmente, pedalear más rápido que nadie (cosa no baladí). Segundo Meeus, tercero Trentin, cuarto Matthews (a quien en Bike Exchange ya no saben si aman u odian). Ah, en la general todos siguen tal y como llegaron al día de descanso. Veremos mañana.

Qué bonita la Vuelta, por casa. Aunque pasen pocas cosas.

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