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¿Quién era la Malinche, la amante de Cortés que da nombre al polémico teatro de Nacho Cano en Hortaleza?

Hernán Cortés, admirado en España y vilpendiado en México, es el artífice principal de la Conquista del imperio azteca, un tema que sigue causado fricciones entre los dos países. Pero los historiadores se muestran de acuerdo que una de las piezas fundamentales en esa titánica empresa fue la Malinche, la traductora indígena que ayudó a los españoles y que acabó siendo amante del conquistador.

Ahora, el exintegrante de Mecano Nacho Cano se dispone a rescatar esa relación de amor, sexo y traición en un musical, para lo cual proyecta construir un no menos polémico teatro en forma de pirámide en el distrito madrileño de Hortaleza. Una estructura temporal a la que bautizará con el nombre de Teatro Malinche.

Y es que la relación entre Malinche y Cortés fue fundamental para la conquista de México, pues sirvió a los conquistadores como intérprete de las principales lenguas del imperio azteca e incluso llegó a aprender español. Cortés tuvo un hijo con ella, uno de los primeros mestizos en lo que sería la Nueva España, aunque después la entregó en matrimonio a uno de sus lugartenientes.

La Malinche debe su nombre a la interpretación que hicieron los soldados a su nombre, del náhuatl Malintzin o Malinalli (que significa diosa de la hierba), cuando fue entregada junto a un grupo de esclavas como tributo a los españoles.

Los historiadores creen que tendría alrededor de 20 años cuando fue entregada a Cortés. Había nacido en lo que ahora es el estado mexicano de Veracruz, una zona perteneciente a los aztecas justo en la frontera con los núcleos de población maya, por lo que pudo aprender desde muy pronto las dos lenguas.

Aunque era hija de caciques, cayó en desgracia al morir su padre, y acabó siendo esclava de un jefe maya, que la entregó junto con otras mujeres a Cortés tras la batalla en Centla en mayo de 1519.

Los conquistadores se dieron cuenta de su utilidad como traductora de náhuatl, la lengua de los aztecas, y maya, dominante en la zona de la península de Yucatán, entre los pueblos que habían pertenecido al imperio maya, en esos años ya en decadencia.

La Malinche no hablaba castellano, así que Cortés se sirvió de Jerónimo de Aguilar, un náufrago español que había pasado muchos años prisionero entre los mayas y que había sido rescatado en la expedición. Así, Malinche traducía del náhuatl al maya a Aguilar, y este al castellano a Cortés.

Pero muy pronto Malinche aprendió también castellano y fue capaz de hacer toda la traducción ella sola. También se convirtió en amante de Cortés, que la hizo bautizar como Marina y con quien a la postre tuvo un hijo, Martín Cortés.

Tras la caída de Tenochtitlán, la capital del imperio azteca, el 13 de agosto de 1521 (este año México conmemoró los 500 años de ese evento) Malinche o Marina se fue a vivir al palacio que el conquistador construyó en Coyoacán, cerca de la capital. Después se casó con el capitán español Juan de Jaramillo, aunque siguió acompañando a Cortés como intérprete en algunas expediciones.

Los historiadores no se ponen de acuerdo respecto a su muerte; algunos señalan que murió pocos años después en una epidemia de viruela, y otros fechan su fallecimiento décadas después de la caída de Tenochtitlán.

Aunque es una figura poco conocida en España, su nombre es muy conocido en la cultura popular mexicana, que la retrata como una traidora a los intereses indígenas.

De hecho, el diccionario recoge el término malinchista, usado en México para señalar de forma negativa a la persona que siente apego o preferencia por lo extranjero. Empero, en décadas recientes varios escritores y artistas se han esforzado por dar una nueva ¡visión de su figura, a la que consideran más una víctima, atrapada entre las dos culturas.

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