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Salvador Oblak, goleador Suárez: El Atlético de Madrid se aferra al liderato (1-0)

Sudor, lágrimas y solo faltó la sangre. El Atlético de Madrid se aferra con todas sus fuerzas al liderato de LaLiga después de una semana complicadísima en la que el Chelsea les eliminó de la Champions League. Partido repleto de nervios e imprecisiones por parte de los colchoneros que se resolvió gracias a los dos bastiones de Simeone: Luis Suárez y Jan Oblak. El primero anotó el gol que supuso los tres puntos tras una preciosa jugada colectiva. El segundo salvaría la victoria parando un penalti en los minutos finales del partido. El resultado final de 1-0 frente a un combativo Alavés, que nunca le perdió el ritmo al encuentro, permite a los del Cholo afianzar su liderato en la competición doméstica después del triunfo del Real Madrid frente al Celta de Vigo y a la espera del resultado del Barcelona con la Real Sociedad. Una decena de finales, y mucho sufrimiento, quedan por delante hasta la consecución del título.

Una acción sin ningún tipo de peligro casi significa la pérdida de dos puntos para el Atlético de Madrid. Rioja intentó robar el balón a Savic muy cerca del área rojiblanca cuando apenas faltaban seis minutos para el final del partido. En vez de ceder fácil a Oblak, el montenegrino protegió soltando el codo, que impactó en el rostro del jugador del Alavés. El VAR lo vio: la acción era falta y la línea del área colchonera, penalti y amarilla. Por suerte para Savic un gigante esloveno acabaría por parar el penalti ejecutado por Joselu para ganar el partido y, tal vez, ganar la LaLiga. Una jugada para el recuerdo, tanto por absurda como por épica, en la que Oblak se reencontró con su mejor versión desde el punto de penalti tres años después de su última parada en una pena máxima. “Llevaba un tiempo que no paraba ni uno”, resumió entre risas el esloveno al finalizar el encuentro.

Oblak recibe la felicitación de sus compañeros tras parar el penalti. (Efe)Oblak recibe la felicitación de sus compañeros tras parar el penalti. (Efe)Oblak recibe la felicitación de sus compañeros tras parar el penalti. (Efe)

¿Quién sino iba a ser el encargado de abrir el marcador después de 55 minutos de tensión en el feudo de los colchoneros? Luis Suárez, una vez más. El charrúa se reencontró con el gol después de quedarse a cero tanto frente al Getafe como con el Chelsea. Un golazo de killer, de ‘nueve’ puro para despejar fantasmas en las filas rojiblancas. Una preciosa jugada colectiva precedió al tanto. Trippier recibió con mucho espacio por su carril derecho, totalmente desatado el inglés en esta segunda mitad. El lateral la colgó de primeras, justo antes de recibir una entrada por parte de Rubén Duarte que, de no haber acabado la jugada en gol, bien podría haberse merecido una revisión del VAR por tarjeta roja. El centro fue teledirigido a la cabeza de Suárez, que consiguió picar lo suficiente el balón para que tocara el palo y acabara en gol.

Una jugada casi idéntica a punto estuvo de significar el segundo tanto del Atlético de Madrid tres minutos después. Otra vez Trippier, recuperado milagrosamente tras la dura falta, remontó línea de fondo para meter un centro raso al mejor segunda línea de cara a gol de toda LaLiga, Marcos Llorente. El mediocentro mandó el balón al larguero, en un tramo del partido que fue un auténtico vendaval ofensivo rojiblanco. Espoleados por Thomas Lemar, omnipresente en cuanto la pelota cruza el centro del campo, el Atleti trataba de hacerse con el control del partido. Pero el Alavés no cedía, intentando aprovechar cualquier fallo de la zaga local.

Pedro Cifuentes

El mayor cambio desde los vestuarios llegó con un Trippier desatado en la segunda mitad, mientras que empezó mucho más comedido. Los pupilos de Diego Simeone se presentaron en un nuevo partido de LaLiga en casa para demostrar que se merecen esta competición días después de caer eliminados en la Champions. Enfrentamiento trampa en toda regla. Pese a que la actitud de los rojiblancos fue de ir a por el partido, las imprecisiones reinaron en la plantilla del líder en estos primeros 45 minutos.

Luis Suárez cayó una y otra vez en fuera de juego, marcado a la perfección por la zaga vasca. Tan solo un disparo desde fuera del área ofreció el uruguayo en la primera mitad. Más peligro llevó Joselu, que pudo causar más de un disgusto al equipo de Simeone cuando el reloj pasaba de los 23 minutos. El canterano madridista no pudo aprovechar un robo peligroso del Alavés en el medio del campo gracias a la buena intervención de Savic. Jan Oblak evitó una situación peligrosa extraña, cuando Marcos Llorente despejó hacia su portería tras un centro del Alavés. Siempre bien posicionado, el esloveno estuvo atento y evitó que el fallo de su compañero fuera a más.

Las menos, otra vez el dilema que nadie sabe aclarar

Corrían 12 minutos del marcador en el Wanda Metropolitano cuando un centro ocasionaría la jugada de mayor peligro de los rojiblancos en la primera mitad. O, al menos, esa podría haber sido. José María Giménez remató un balón en semifallo, apoyándose ligeramente en Édgar. El del Alavés saltó con las manos hacía delante y, pese a no ver en ningún momento la jugada, la pelota impactó con claridad en su brazo. Los colchoneros no se podían creer que el árbitro no hubiera visto la acción. El VAR, por su parte, acabó por llamar a Martínez Munuera. Parecía que con las imágenes iba a pitar penalti a favor del Atlético de Madrid, pero finalmente decidió que el juego debía transcurrir.

Luis Suárez celebró un nuevo tanto en LaLiga. (Efe)Luis Suárez celebró un nuevo tanto en LaLiga. (Efe)Luis Suárez celebró un nuevo tanto en LaLiga. (Efe)

Existen dos opciones; o era una mano involuntaria a juicio del árbitro y el gesto de Édgar era una posición natural (mismo argumento por el que Hernández Hernández no pitó la mano de Felipe en el derbi) o interpretó que Giménez comete falta al apoyarse en la espalda de su contrincante. Sea cual fuere, Martínez Munuera dictó sentencia para enfado de los rojiblancos. La mano era clara si no se tiene en cuenta la intencionalidad. La falta de criterio, una vez más, reabre la polémica.

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