Viajes

Seis pueblos costeros del Algarve llenos de encanto

Los argumentos del Algarve para ser un destino que hay que descubrir tarde o temprano son la belleza y la diversidad de sus playas, las muchas horas de sol y los cielos despejados que se disfrutan durante todo el año. Podríamos añadir sus condiciones óptimas para la práctica de actividades y deportes de agua y, hay que decirlo, su cercanía.

Los del Algarve son 200 kilómetros de costa, más de 115 preciosas playas, 91 con bandera azul y 48 playas con accesos para personas con movilidad reducida. Pero esta región del sur de Portugal tiene mucho más que fantásticas playas de aguas cristalinas.

Hay en el Algarve un montón de pueblos blancos, adoquinados, de casas típicas coronadas por chimeneas tradicionales, conformando un destino de postal. Hay muchos, pero estos son seis pueblos costeros del Algarve llenos de encanto, que tienes que conocer.

Sin grandes hoteles ni aglomeraciones, lo que caracteriza a Carvoeiro son sus rutas senderistas y sus posibilidades para la escalada. Es uno de aquellos lugares donde el mar estalla frente a unos acantilados de escarpadas paredes. Para recorrerlos solo hay que seguir la ruta de los Siete Valles Suspendidos donde vamos desde Praia de Centeanes a Praia da Marinha. Para un paseo más tranquilo, la pasarela de madera de Carvoeiro hasta Algar Seco.

Se puede disfrutar de la aventura en familia en el parque acuático Slide and Splash o en el parque temático marino Zoomarine, opciones irresistibles para los pequeños de la casa. También Sand City, un “parque temático” de figuras de arena.

Perteneciente al municipio de Vila Real de San António, es una de esas aldeas de ensueño. Frente a ella, se despliega el Parque Natural de Ría Formosa. Pero lo que más llama la atención de quienes la visitan son sus casitas blancas de una sola planta con ornamentaciones que recuerdan a su pasado musulmán.

Cacela Velha es un pueblecito de agricultores y pescadores, salpicado de campos de naranjos y olivos, una iglesia del siglo XVI y un fortín algo posterior. Tranquilo, acogedor y a tan solo una hora de Huelva se encuentra este rinconcito lleno de historia que no debes perderte.

Conocida por sus fábricas de conservas y por ser uno de los centros exportadores de atún, esta localidad posee el puerto de pescadores más grande de todo el Algarve y algunas de las mejores playas de Europa. Destaca el Mercado Municipal, de 1912, un edificio de ladrillo naranja con dos grandes naves.

Es altamente recomendable en Olhão visitar las paradisíacas playas de Armona y Fuseta, pertenecientes al Parque Natural de Ría Formosa (desde los puertos de Olhão y Fuseta salen barquitos regularmente).

No llega a los 2.000 habitantes y rezuma encanto, siendo para muchos uno de los pueblos más bonitos de la región. Se alza sobre una colina en los bancos de la ría del Arade, como un montículo de callejuelas estrechas, desordenadas y particulares. Hay que ver la cueva de Benagil, gruta de impresionantes formas rocosas caprichosamente modeladas por el mar.

Ferragudo es un lugar idóneo para desconectar, donde se respira calma. A solo 15 minutos se encuentra la Praia da Rocha, con una intensa actividad social, bares, pubs y fiestas, y un poco más allá, al fondo de la ría, se levanta la ciudad de Portimão.

Es una zona a la que habitualmente viajan los amantes del surf para cazar olas. Vila do Bispo consta de varias freguesías (pedanías), como Sagres o el cabo de San Vicente, el punto más al sudoeste de toda la Europa continental.

El suyo es un entorno casi inexplorado, con playas salvajes, vírgenes, remotas, que forman parte de una de las áreas protegidas más grandes de Portugal: el Parque Natural Costa Vicentina. Además, allí descansan vestigios prehistóricos con más de 6.000 años de antigüedad, ubicados en zona de monte.

Es una pequeña ciudad, 13.500 habitantes, que ha sabido mantener su auténtica esencia. Atravesada por el río Gilão, es éste precisamente el que configura una de las estampas más pintorescas de la ciudad: la rua Borda d’Água da Asseca, una calle por donde pasear y sentarnos en algún bar o restaurante para degustar el plato típico algarvio, la cataplana, una zarzuela de pescado exquisita.

Tavira dispone de una boyante actividad turística, con miles de posibilidades. También tiene un castillo y muchas pequeñas iglesias de paredes caladas. Podemos recorrer las tiendecitas de artesanías de la Rua da Liberdade o ir hasta la Praça da República, donde hay un anfiteatro que durante el buen tiempo aloja espectáculos culturales.

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