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Siete cosas (al menos) que ver en La Alcarria

La Alcarria ocupa casi toda la provincia de Guadalajara. Es un raro ejemplo de área no montañosa que ofrece, sin embargo, un fuerte contraste visual. Aquí coexisten formas del relieve tan distintas como son los páramos, extensas campiñas tapizadas por fértiles vegas, valles encajados, cerros testigo y fuertes pendientes.

A los encantos de la naturaleza de esta zona de Castilla-La Mancha se le suma un asombroso conjunto de arquitectura popular y el atractivo de algunas localidades cargadas de historia. Sus conjuntos urbanos guardan un rico patrimonio monumental, iglesias, palacios y arquitectura civil de diferentes estilos.

Camilo José Cela la dio a conocer a muchos con su ya famoso libro Viaje a La Alcarria. Nosotros, más modestos, resumimos ese viaje en estas 7 cosas (al menos) que ver en La Alcarria.

Situada entre los ríos Tajo y Tajuña, esta villa de trazado y ambiente medievales es una de las localidades más bonitos de La Alcarria. Fue residencia de nobles linajes y sede de conventos fundados por la mística Santa Teresa de Jesús. Su casco antiguo está declarado Bien de Interés Cultural porque conserva un nutrido grupo de bellos edificios.

El Palacio Ducal (mediados siglo XVI) es un espléndido edificio renacentista, como demuestra su elegante portada; allí residió la legendaria princesa de Éboli. También podemos visitar el Colegio de San Buenaventura (siglo XVII) y los dos conventos fundados por Santa Teresa de Jesús —existe también un Museo Teresiano—, los de las Franciscanas Concepcionistas y del Carmen, este último sede del Museo de Historia Natural. Otro museo, el de los Tapices, guarda una serie de tapices flamencos de Tournai (siglo XV).

El camino que lleva de Chillarón del Rey a Pareja está lleno de colmenas. Cobijan comunidades de abejas jerárquicamente organizadas que fabrican la famosa miel de La Alcarria. Desde la distancia es un espectáculo ver cómo se dedican concienzudamente a su labor. En Pareja podemos visitar la iglesia parroquial renacentista (siglo XVI). En la infraestructura de Azud podemos practicar deportes náuticos.

Es conocida como el Jardín de La Alcarria por sus numerosos jardines y fuentes. La oferta turística de la población es amplísima; por algo es Conjunto Histórico-Artístico. Conserva construcciones de enorme interés, como el imponente conjunto que conforman las iglesias románicas de San Felipe, San Miguel y Santa María de la Peña.

Dijo Cela de Budia. “Es un pueblo grande, con casas antiguas, con pasado probablemente esplendoroso. Las calles tienen nombres nobles, sonoros”. Hay que ver su Plaza Mayor, la Iglesia Parroquial, la Ermita de la Soledad o las ruinas del Convento de las Carmelitas.

Merece la pena que nos acerquemos a la localidad de Sacedón aunque sólo sea para contemplar el paisaje del cercano embalse de Entrepeñas. En el que en otro tiempo llamaron el Mar de Castilla podemos practicar muchos deportes náuticos. En Sacedón hay que ver la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de portada renacentista.

Cuenta con peculiares conjuntos rocosos y con la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza. Desde el mirador, se divisan las espléndidas vistas y allí, a lo lejos, está el camino que lleva hasta Durón. La bajada permite contemplar el pantano de Entrepeñas que no existía cuando Cela viajó.

Brihuega se viste de morado durante todo el mes de julio con la floración de sus campos. La explosión de la lavanda es una de las grandes citas del verano alcarreño. Llegan turistas de todas partes. Alemanes, ingleses y también asiáticos. Y no, no es la Provenza francesa, sino la Alcarria española.

Los campos de esta comarca de Guadalajara se transforman en un mar de tonos azulados y violetas. Del cultivo del espliego, nombre castellano con el que siempre se ha conocido a la planta en esta zona de la Alcarria, se obtienen esencias para elaborar perfumes o cosméticos.

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