Salud

Síndrome del intestino irritable: cómo ayuda la alimentación a aliviar los síntomas

En los últimos años, se ha ido popularizando el nombre de un trastorno que afecta al aparato digestivo y que provoca, entre otros síntomas, dolor y problemas relacionados con el tránsito intestinal. Es el conocido como síndrome del intestino irritable, una afección muy común y de la que cada vez se habla más, pero de la que muchas veces no conocemos con exactitud por qué se produce o cómo se diagnostica.

El síndrome de intestino irritable (SII) se caracteriza por dolor abdominal recurrente asociado a alteraciones del ritmo deposicional en forma de estreñimiento, de diarrea o de ambas. Asimismo, la hinchazón y la distensión abdominal son muy frecuentes. «Este síndrome tiene una gran repercusión sobre las actividades personales y sociales de los pacientes, empeora su calidad de vida y reduce la productividad laboral en comparación con la población general», explica el doctor José Walter Huaman, especialista en aparato digestivo en el Hospital Universitari General de Catalunya.

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Con respecto al número de afectados, se estima que casi dos millones de españoles (un 4,2%) tienen intestino irritable, lo sepan o no; reciban o no algún tratamiento para ello. Es más frecuente en mujeres que en hombres y se observa una disminución progresiva según se incrementa la edad de la población estudiada.

De acuerdo con los criterios diagnósticos vigentes, hay una serie de especificaciones que definen el SII. Como explica el digestólogo, «se diagnostica por la presencia de dolor abdominal recidivante que ha de estar presente al menos un día a la semana y con dos o más de las siguientes características: asociado a la defecación, relacionado con cambios en la frecuencia de las deposiciones y en su consistencia. Además, deben haber comenzado un mínimo de seis meses antes del diagnóstico«.

Para afinar aún más en el diagnóstico y, en consecuencia, poder llegar a un tratamiento más eficaz, se aconseja establecer los subtipos de este síndrome de acuerdo con la consistencia de las deposiciones evaluadas, de acuerdo con la escala de Bristol. Esta clasifica la consistencia de las heces entre 1 (heces caprinas) y 7 (heces líquidas). De esta forma tenemos: síndrome de intestino irritable predominio estreñimiento, síndrome de intestino irritable predominio diarrea, y predominio mixto o no clasificable.

Por qué se produce

A pesar de la investigación, lo cierto es que, todavía hoy, se desconocen las razones. Hay diversas teorías, ninguna confirmada: una sugiere que se debe a contracciones anormales del colon y del intestino delgado, pero no se sabe muy bien si esas contracciones son la causa del trastorno o solo un síntoma; se sabe también que en algunos casos surge tras una infección gastrointestinal grave, pero no es habitual. También se está estudiando si puede deberse a algún tipo de alergia o sensibilidad a determinados alimentos, ya que muchos pacientes con SII presentan también este tipo de problemas. Por último, se ha observado que, en muchos casos, el estrés juega un papel muy importante.

En este sentido, desde hace unos años se ha venido profundizando en el estudio de las relaciones entre el intestino y el cerebro. Según explica el especialista, «puede haber una alteración en las interacciones bidireccionales entre el intestino y el cerebro con hipersensibilidad visceral, alteraciones de la motilidad gastrointestinal, así como factores psicológicos y sociales agregados». Tanto la barrera epitelial como la microbiota, los ácidos biliares o los antígenos alimentarios pueden provocar respuestas anormales en distintos sistemas; de hecho, muchos factores juegan un papel importante para la generación de los síntomas, pero algunos pueden ser más predominantes en ciertos individuos que en otros.

Foto: iStock. Foto: iStock. Foto: iStock.

Evidencias en los últimos años han demostrado la existencia de alteraciones en la microbiota intestinal: “Los pacientes con intestino irritable presentarían menor diversidad bacteriana, con mayor abundancia de enterotipos proinflamatorios comparados con la población general”.

En cuanto a su tratamiento, este se dirige a aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida. En general, los signos y síntomas leves pueden controlarse manejando el estrés, así como realizando cambios en la dieta y el estilo de vida: hacer ejercicio regularmente, beber mucho líquido, dormir las horas adecuadas y, también, vigilar la dieta.

Alimentación y dieta Fodmap

La alimentación es, efectivamente, un punto fundamental para mejorar la sintomatología del intestino irritable. Pero hay que tener muy en cuenta de qué tipo de SII estamos hablando, ya que hay alimentos que pueden beneficiar a unos pacientes y perjudicar a otros. Así, por ejemplo, la fibra soluble ha demostrado ser beneficiosa, pero en algunos casos puede incrementar el dolor abdominal, la distensión y el meteorismo (gases).

En el año 2008, un equipo de expertos australianos crearon la dieta baja en Fodmap para paliar los síntomas de este síndrome intestinal. Dos años después la Asociación Británica de Dietética la incorporó como tratamiento para las personas que sufren esta dolencia. En nuestro país, la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) también la recomienda para estos pacientes, siempre bajo supervisión médica y de forma personalizada.

La dieta baja en Fodmap (acrónimo en inglés de oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables) se basa en limitar el consumo de los alimentos que contienen estas sustancias, ya que el sistema digestivo de los pacientes con SII suele tolerarlos mal. El intestino delgado no consigue descomponerlos y absorberlos por completo, por lo que provocan gases y el resto de síntomas ya comentados. Ahora bien, el especialista habla de que «al tratarse de una dieta excesivamente restrictiva, debe ser controlada por expertos en nutrición, y solo a corto plazo, porque se ha demostrado que puede alterar la microbiota».

Foto: iStock. Foto: iStock. Foto: iStock.

Es, efectivamente, una dieta muy restrictiva, pues recomienda evitar, o al menos limitar, los alimentos que contienen los siguientes compuestos:

Fructosa

: se encuentra en frutas, algunas de consumo muy común (manzanas, peras, sandía, mango) y sus derivados, así como en la miel y en los siropes. También puede encontrarse, según indica un estudio de la gastroenteróloga Carolina Figueroa, en carnes procesadas y en yogures saborizados.Lactosa: presente en la leche, los yogures, los quesos, los helados…Fructanos: en el trigo, el ajo, la cebolla, la alcachofa, los guisantes, el puerro y los espárragos.Galactanos: los encontramos en las legumbres.Polioles: presentes en frutas como los albaricoques, las nectarinas, los melocotones, las ciruelas, las cerezas… Y en edulcorantes como la isomaltosa y los terminados en ‘-ol’ (manitol, xilitol, sorbitol, etc.).

Con respecto a la utilización de prebióticos y probióticos, se ha visto que algunos producen una mejoría significativa sobre la percepción global de los síntomas en pacientes con este trastorno y selectivamente sobre el dolor, la distensión, el meteorismo y la diarrea. “Sin embargo, la gran heterogeneidad en la composición de los productos comercializados en cuanto a cepas, cantidad y formas de presentación hace que, en la actualidad, no se pueda recomendar como primera línea de tratamiento de forma sistemática a todos los pacientes”.

Y, en cuanto a los suplementos, el doctor Huaman señala que «cuando los síntomas son más severos y predomina el estreñimiento pueden ser de utilidad los suplementos de fibra como el plántago o los laxantes osmóticos a base de magnesio o de polietilenglicol. Si, por el contrario, predomina la diarrea, la loperamida o quelantes de ácidos biliares pueden ayudar». Para el control del dolor abdominal se puede usar anticolinérgicos y neuromoduladores, pero todas estas medidas deben ser siempre bajo prescripción médica.

*El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para practicar deporte que mejore nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con el Hospital General Universitari de Catalunya

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