Economía

Una madre se prepara para el gran apagón: «Tengo bombonas y compraré un generador»

Cuando el hijo de Alexandra vio que su madre hacía acopio de alimentos, él le recordó que se le olvidaba lo más importante: el kétchup. Ahora, entre varias cajas en las que se amontonan decenas de kilos de pasta y arroz, latas de conservas, leche en polvo, Cola-cao o pasta de dientes, tres botes de casi dos kilos cada uno de esta salsa destacan por encima del resto de víveres.

En la casa de Alexandra (Bucarest, 1985), situada en el pueblo castellanomanchego Viso del Marqués, el garaje está dividido entre ordenadores de segunda mano —el negocio de su marido— y todas las existencias que han ido acumulando en los últimos meses. «Tenemos suficiente para sobrevivir de seis a ocho semanas», dice ella mientras enseña los productos. «Pero el kétchup… ¿da para más, no?». «Bueno, con los dos niños… un mes y da gracias», dice soltando una carcajada.

Si esta salsa es el bien más preciado de sus hijos de 11 y 5 años, la humilde reserva energética que almacenan en el mismo garaje es el tesoro de Alexandra. Primero compró alimentos por temor a que su familia perdiera su principal fuente de ingresos, pero en el último mes ha empezado a preocuparse por algo más: un «gran apagón». Para estar preparada ha comprado cuatro bombonas de butano (solo usa una en la cocina), ha llenado el depósito con 1.200 litros de gasoil para la calefacción y el agua caliente y está ahorrando para comprarse un generador eléctrico.

Parte de la despensa donde Alexandra y su familia almacenan sus víveres y las bombonas. (A. M. V.)Parte de la despensa donde Alexandra y su familia almacenan sus víveres y las bombonas. (A. M. V.) Parte de la despensa donde Alexandra y su familia almacenan sus víveres y las bombonas. (A. M. V.)

«Si se va la luz no podría calentar la casa porque, aunque va por gasoil, necesita electricidad. Pero con el generador arreglo ese problema», explica en el sofá de su casa en este pequeño pueblo de la provincia de Ciudad Real. «Cuando vine a vivir aquí maldije por no tener vitrocerámica, pero ahora estoy contentísima porque la cocina de butano es más barata y si hay cortes de luz… Yo puedo seguir comiendo caliente. Hay que prepararse para lo que venga».

La crisis energética y el frío invierno

La reciente escalada de precios de la energía y los alimentos, el corte del gasoducto argelino desde Marruecos a España y las noticias alarmantes de desabastecimiento en otros países ha empujado a personas como Alexandra a hacer acopio de todo tipo de víveres. Además, los cortes de electricidad en China o los preparativos en Austria para un posible apagón han llevado a unos cuantos a preguntarse: ¿Podría ocurrir en España?

El Confidencial ha contactado con varios proveedores de bombonas de butano y gasoil que dan señales contradictorias del aumento de la demanda. Una empresa que reparte gasoil, por ejemplo, afirmó que muchos clientes «están esperando a que vuelva a bajar el precio» antes de comprar y rellenar sus depósitos. En el caso del butano, sin embargo, cada semana se venden más bombonas, pero las fuentes consultadas no se ponen de acuerdo en el motivo. «Aún no podemos sacar en claro si la gente pide más bombonas por el miedo a un posible apagón o porque está empezando a llegar el frío, yo creo que esto último es más probable», afirma un repartidor de butano.

Aun así, este periódico ha conseguido hablar con varias personas que están haciendo acopio de butano, entre ellas un ciudadano de Reus que, ante el temor de un supuesto corte de electricidad, ha acumulado nueve bombonas. «Mi hermano tiene 15 porque no se fía de lo que vaya a pasar. Yo tampoco», dijo por teléfono.

Aún no podemos saber si el aumento de la demanda de las bombonas es por el miedo al posible apagón o porque está llegando el frío

Muchos expertos del sector insisten en que es muy poco probable que se dé un apagón generalizado en nuestro país por las particularidades y robustez de nuestra red eléctrica. Además, afirman que no tiene sentido propagar el pánico ni almacenar muchas bombonas de butano porque puede ser peligroso ante un posible incendio. El propio Pedro Sánchez aseguró que España «tenía garantizado» el suministro del gas para el invierno. Pero si estas afirmaciones antes podían tener un efecto tranquilizador en la población española, ahora caen en saco roto para algunos ciudadanos —especialmente de derechas— cuya confianza hacia políticos, instituciones y medios se ha esfumado en los últimos dos años. Y Alexandra es la viva imagen de la psicosis y desconfianza que emerge después de la pandemia.

«Cuando lees todo tipo de informaciones contradictorias en Internet ya no sabes en qué creer. Si Sánchez dice que no va a haber problema piensas… ¿No será lo contrario?», dice esta rumana de 35 años. Si uno echa un vistazo al Twitter de Alejandra (@Alexilla86, La Rumana FACHA), que ella misma exhibe con orgullo, puede ver todo tipo de retuits conspiranoicos propios de la derecha trumpista: tuits que niegan el covid y alertan de una «plandemia», que propagan bulos sobre inmigración ilegal o que aseguran que Joe Biden es un actor. Ella —como cada vez más españoles desde la crisis del covid— también coquetea con los extremos más conspiranoicos de Internet.

Sus opiniones políticas quedan en un segundo plano cuando uno descubre su dramática historia personal. Escucharla es, en parte, entenderla

Sin embargo, sus opiniones políticas quedan en un segundo plano cuando uno descubre su dramática historia personal. Escucharla es, de algún modo, entenderla. Porque la cicatriz de la pandemia aún no se ha cerrado para esta mujer que lleva años desempleada. «Cuando lo has pasado tan mal, piensas: esto no me va a volver a ocurrir. Y ahora solo me estoy preparando para una posible crisis«, afirma.

«Fue la peor situación de mi vida»

En marzo de 2020, a principios de la pandemia, Alexandra y su marido vivían en Quismondo (Castilla-La Mancha) y se quedaron sin trabajo. Conforme pasaban los días y la crisis sanitaria se iba agravando la cocina se iba vaciando de alimentos. No tenían ni un euro para llenarla. Una semana dejaron de comer carne. Otro día se le acabaron las patatas. Al día siguiente el arroz. Y, de repente, se vieron sin nada.

Una de las cajas donde Alexandra y su familia almacenan los víveres. Aquí, comida para el perro, leche en polvo y cola cao, entre otras cosas. (A. M. V.)Una de las cajas donde Alexandra y su familia almacenan los víveres. Aquí, comida para el perro, leche en polvo y cola cao, entre otras cosas. (A. M. V.) Una de las cajas donde Alexandra y su familia almacenan los víveres. Aquí, comida para el perro, leche en polvo y cola cao, entre otras cosas. (A. M. V.)

«Una noche abres la nevera para hacer la cena y ves que hay dos tristes huevos y un paquete de salchichas. Nada más. ¿Qué van a comer mis hijos? Tenía los armarios vacíos. Pedía ayuda y todo el mundo me daba la espalda. Incluso mis amigos de toda la vida. ‘Jo, qué pena, lo siento, te llevaría algo pero con lo del virus…’. Nadie nos ayudaba y yo pensaba en bucle: ¿qué van a comer mis hijos?».

Alexandra se puso a escribir a todo el mundo por correo o redes sociales: al Alcampo, a El Corte Inglés, a la Cruz Roja, al presidente de Castilla La Mancha, Emiliano García Page. Según cuenta, al principio ninguna ONG le ayudaba porque estaban «sobrepasados». Pasaron varios días desesperados. «Conseguí que me ofrecieran un puesto de trabajo en Alcampo, pero era a 60 kilómetros y yo no tenía dinero para llegar el primer mes hasta que empezara a cobrar«. Un par de semanas después, habló con el Ministerio de Agricultura y Pesca, que se puso en contacto con el asistente social y la Cruz Roja y, esta vez sí, le llenaron el coche de alimentos y le dieron dinero para comprar ropa a sus hijos.

Sin embargo, su principal ayuda vino del colectivo rumano. Alexandra lo cuenta casi con asombro, porque se vino desde Bucarest hasta España en 2005 y desde entonces no había mantenido muchos lazos con la comunidad de su país. Se abrió una cuenta de Twitter para hablar con ellos y leer qué estaba pasando en otras partes del mundo con el coronavirus. Su marido le dio una idea para el usuario: la Rumana Facha. «A mí no me gusta ni el PP, ni Vox, ni el PSOE, pero está claro que Pedro Sánchez ha mentido… Y de Podemos me fío menos«, dice.

En Rumanía suelen tener comida para casi un año porque no se fían de lo que pueda pasar

Poco a poco su familia se fue recuperando. Su marido se dio de alta de autónomos y en 2021, un año después de solicitarlo, Alexandra empezó a recibir alrededor de 700 euros por el Ingreso Mínimo Vital. En febrero de 2021 se mudaron a Viso del Marqués —apenas a unos bloques de la casa del dueño del famoso Restaurante Tío Pepe, donde en su vivienda alza una bandera de la España constitucional—. Desde entonces, con el drama vivido aún muy presente, cada mes que les sobraban 50 euros compraban más alimentos no perecederos. «Nunca sabes qué tal te va a ir el siguiente mes y yo no quiero volver a pensar: ‘¿qué van a comer mis hijos?'».

Ese espíritu de supervivencia combinado con cierto pesimismo existencial lo lleva en su sangre. Uno de los primeros recuerdos que tiene Alexandra es cuando tenía cuatro años y le obligaron a meterse en un pequeño almacén en plena revolución rumana en 1989. Habían matado a Nicolae Ceaucescu y la dictadura había caído, pero el futuro del país era completamente impredecible. «Aún recuerdo las balas contra el refugio», dice. Se vio rodeada de varias familias en un sótano de un vecino del pueblo donde almacenaban víveres para sobrevivir durante meses. «En Rumanía suelen tener comida para casi un año porque no se fían de lo que pueda pasar».

La supuesta predicción del gran apagón en Europa

Cuando empezó a ver noticias en septiembre sobre la crisis energética, Alexandra empezó a investigar. Leyó en Twitter que Austria se estaba preparando para el gran apagón que iba a llegar a Europa. La noticia no era exactamente así. Pero entre la obsesión de los medios españoles por unos cuantos clics y la tergiversación de las redes sociales, Alexandra pensó que el apagón era inevitable.

Hace unas semanas, el Ministerio de Defensa austriaco hizo una campaña de concienciación alertando del peligro de un apagón entre otros posibles riesgos de seguridad nacional. «Qué hacer cuando todo se para», se titulaba. Recomendaba tener un pequeño kit de supervivencia como si se fuera a hacer camping unos días. Sin embargo, no era nada nuevo: Austria lleva mucho tiempo avisando de esta crisis dada su situación geográfica en el centro de Europa y su dependencia energética de Rusia. En abril de este año, el mismo ministerio presentó la previsión anual de política de seguridad y, entre sus 350 páginas, ya alertaba de este riesgo. Esta nueva campaña de hace unas semanas, sin embargo, llegó en un momento de crisis energética en el que la noticia correría por las redes como la pólvora. Y en España, pese a que tenemos unas circunstancias energéticas muy distintas, encontraría el caldo de cultivo perfecto para su difusión.

Cotizalia / Agencias

«Austria pronostica un apagón generalizado en Europa que podría durar varios días», tergiversaba Antena3 hace unos días. «El pronóstico más oscuro de Austria para Europa: un apagón eléctrico que durará varios días», titulaba Telecinco en su web después de dar la noticia en televisión. El miedo ya estaba en el cuerpo de Alexandra y de tantas otras personas que en las últimas semanas han comprado velas, linternas, bombonas de butano extra o incluso generadores de electricidad.

«Sí, es cierto que después un amigo me dijo que Austria no augura un apagón inminente. Mira, yo lo único que sé es que ya no me puedo fiar de nadie…», dice Alexandra cuando se le menciona el giro de la historia del país centroeuropeo. «A raíz de la pandemia conozco muchas personas que prefieren informarse en Twitter o en prensa extranjera. Hay cada vez más gente desconfiada pero es normal, cuando el portavoz del Gobierno te dice A, y mañana es B, y pasado mañana es C… ¿A quién crees? Te están mareando: te están ocultando algo o no tienen ni idea de lo que hablan».

Alexandra vino a España desde Rumanía con 18 años. Ahora no tiene empleo y se prepara para un eventual 'apagón'. (A. M. V.)Alexandra vino a España desde Rumanía con 18 años. Ahora no tiene empleo y se prepara para un eventual 'apagón'. (A. M. V.) Alexandra vino a España desde Rumanía con 18 años. Ahora no tiene empleo y se prepara para un eventual ‘apagón’. (A. M. V.)

Alexandra no cree que esté en el bando de los conspiranoicos. De hecho, sospecha que cada vez más gente va a imitarla y tener una pequeña reserva en casa. Cuando empezó a hacer acopio y se lo contó a un amigo Guardia Civil, él se rio y dijo que era una exagerada. Ahora, Alexandra asegura que su colega ha empezado a abastecerse. «Los precios están subiendo muchísimo, yo antes iba a Mercadona y con 100 euros llenaba el carro. Ahora es imposible. ¡Con mes y medio de diferencia!».

En casa de Alexandra tampoco sobra el dinero. Ella misma reconoce que ahora está tranquila para afrontar «pase lo que pase a nivel nacional o mundial», pero si tuviera más dinero compraría un poco más de todo. Insiste en que no es de esas que se preparan para una «guerra mundial» ni para sobrevivir un año, pero sí para una eventual crisis de unas horas o días. «Si no pasa nada, pues ya lo iremos gastando todo. Y si pasa… pues estamos preparados». Porque si algo ha aprendido ella es que, al menos a corto plazo, la vida consiste en no dar nada por hecho.

«Yo ya sé que la vida te azota y, de repente, te ves sin nada. Es mejor estar preparado para lo que pueda venir«, culmina. «Creo que, llegado el momento de otra gran crisis, mucha gente lo va a pasar muy mal porque estamos acostumbrados a tenerlo todo«.

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