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Una ruta por la Marca Media madrileña, la defensa musulmana frente al avance de los reinos cristianos

Al hablar de los castillos de la Comunidad de Madrid, hemos contado que lo que ahora es una CCAA formó parte de la Hispania musulmana durante casi cuatro siglos. Así que su historia no puede entenderse sin volver a las fortificaciones que un día organizaron y defendieron su territorio, de uno y otro lado de la frontera.

Lo que hoy es la región de Madrid constituía un área sin personalidad propia dentro de la Marca Media, una de las demarcaciones territoriales en que estaba dividido al-Ándalus, la antigua península ibérica islámica, durante el emirato y el califato de Córdoba. Comenzaba en los nacimientos de los ríos Duero y Tajo y terminaba en el río Guadiana.

Esta Marca Media era un área estratégica para los musulmanes. Aquí levantaron fortalezas con el propósito de detectar las incursiones de tropas castellanas y detener su avance. Explica la Wikipedia que entre los siglos IX y X, construyeron una red defensiva, integrada por varias atalayas y fortalezas, para controlar los pasos y puertos de la sierra de Guadarrama.

Las fortalezas de Alcalá de Henares, Talamanca de Jarama, Buitrago del Lozoya y Torrelaguna, todas ellas con sus respectivas atalayas, defendían los caminos fluviales del Henares, Jarama y Lozoya. Madrid, por su parte, protegía el valle del Manzanares y los castillos de Aulencia (Villanueva de la Cañada) y Calatalifa (Villaviciosa de Odón) hacían lo propio en sus enclaves cercanos a los ríos Aulencia y Guadarrama.

El grupo del Jarama, el “río de la frontera” en beréber, es el grupo más numeroso en buena medida porque su misión era controlar cualquier movimiento de tropas llegado desde el norte de la sierra, tanto si se producía a través de Somosierra y el valle del Lozoya como si lo hacía a través de los pasos situados más al oeste y el valle del Guadalix, y proteger a las poblaciones situadas al sur, en especial a Talamanca.

Cuenta Turismo Madrid que actualmente lo integran cuatro atalayas. De norte a sur: Torrepedrera o Atalaya del Berrueco (en la imagen inferior), Atalaya de Arrebatacapas (Torrelaguna), Atalaya de Venturada y Atalaya del Vellón. Existen pruebas de que el grupo lo completaban al menos otras dos: la Atalaya del Molar y Torrelaguna.

Las dos atalayas de la Sierra de Hoyo son la Torrecilla del Collado (Hoyo de Manzanares), situada junto a un paso de montaña en el corazón de la sierra, y Torrelodones. Su misión era controlar la cabecera de este valle y la del Manzanares, así como los caminos que descendían por ellos desde el Puerto de la Fuenfría y el Puerto de Tablada

La torre de Peña Muñana (Cadalso de los Vidrios) aparece aislada en lo alto de un cerro. Verdadera atalaya natural, se encuentra en una zona donde se diluye la larga barrera formada por la Sierra de Guadarrama antes de que se eleve la no menos prolongada e imponente barrera de la Sierra de Gredos.

Probablemente Talamanca fue el único asentamiento que en la actual región madrileña adquirió la condición de medina o ciudad, aunque es posible que Madrid también lo hiciera. Esta localidad ocupaba una posición central y estratégica en el valle del Jarama. Junto a ella pasaba al menos desde época romana la ruta más importante de comunicación entre ambas mesetas de toda la región.

Como explica Turismo Madrid, Talamanca esconde un verdadero “tesoro” monumental. Muchos de los edificios de su espléndido pasado medieval aún se conservan. Joyas de ese “tesoro” son las dos cabeceras medievales. Una es el ábside de la iglesia de San Juan Bautista, del siglo XII, uno de los pocos templos románicos de la región. La otra es el Ábside de los MMuchos de los edificios de su espléndidoilagros, testigo aislado del templo de estilo mudéjar del siglo XIII que hubo en la hoy denominada Plaza de la Constitución.

Tras el triunfo de los reinos cristianos, las antiguas fortificaciones musulmanas pasaron a manos de casas nobiliarias y órdenes militares o quedaron bajo la órbita del poder eclesiástico. Algunas de ellas fueron reconvertidas en palacios, al tiempo que se edificaron nuevos castillos, caso del de Manzanares el Real (en la imagen inferior), el mejor conservado de la Comunidad de Madrid.

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