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“Yo inventé el modelo Barcelona 92”: la historia no contada del gran éxito olímpico

Algunas historias apócrifas tienden a datar el año cero de la candidatura que otorgaría a Barcelona sus Juegos Olímpicos en la noche del 31 de enero de 1981. Durante aquella velada, en una gala organizada por el diario ‘El Mundo Deportivo’, se escenificó en público la entente entre José Antonio Samaranch, flamante presidente del Comité Olímpico Internacional desde julio del año anterior, y Narcís Serra, alcalde de Barcelona, que recibió la insignia del COI. Fue entonces cuando se activó el plan: aprovechar la posición del antiguo procurador franquista para traer a Cataluña los primeros Juegos Olímpicos españoles.

Carles Udina i Cobo (Sant Vicenç de Mont-Alt, 1948) levanta la mano a sus 73 años. Tiene algo que decir al respecto. Años antes de que Serra siquiera fuese alcalde de Barcelona, fue uno de los primeros en poner de manifiesto el potencial que podían tener los Juegos Olímpicos para Cataluña en general y para la industrial Ciudad Condal en particular, que necesitaba un lavado de cara (y de infraestructura) tras décadas de franquismo.

“Lo que interesa de los JJOO no son los resultados deportivos, sino lo que se deriva”

A principios de 1976, el esquiador de fondo, que ya había ganado diversos premios regionales, había introducido el esquí nórdico en Cataluña y tenía un gran interés por la planificación del territorio recibió un encargo por parte del entonces vicepresidente del COI José Antonio Samaranch, “que quería promocionarse y era un tipo muy listo”, como explica el propio Udina a El Confidencial: un estudio meteorológico, geográfico e infraestructural para poner en marcha unos Juegos Olímpicos alternativos a los de Lake Placid en EEUU en la Cerdanya, ante la posibilidad de que los americanos no se celebrasen.

“Lo que realmente interesa de conseguir unos Juegos Olímpicos no son los resultados deportivos o la perfección técnica de la organización”, escribía Udina ya a mediados de los setenta. “Sobre todo importan los medios humanos, sociales y culturales que se derivan”. En su mente, los JJOO eran un arma de planificación territorial, en un primer momento, en el Pirineo: “La importancia de los JJOO no es la celebración en sí misma –unos pocos días–, sino su uso como ‘elemento intercial’ de una planificación territorial, por los beneficios indirectos de integración, mejora y cohesión social, activación económica y proyección internacional, recuperación y creación de infraestructuras deportivas y sobre todo territoriales”.

Héctor G. Barnés

¿De dónde había salido Udina? Sobrino de Santiago Udina Martorell, procurador en el franquismo y candidato por Alianza Popular, y primo del periodista Ernest Udina, biógrafo y secretario de Josep Tarradellas, había pasado gran parte de la infancia en los jesuitas soñando con caminos, ferrocarriles y planos, y en su juventud, se convirtió en uno de los hombres fuertes del esquí catalán, ganando varios campeonatos, sacando adelante proyectos de innivación e introduciendo el esquí nórdico en la estación de Sant Joan de L’Erm, donde contrató al periodista deportivo Andreu Mercè Varela, “el hombre de confianza de Samaranch”. De ahí el contacto con el futuro cabecilla del COI.

La propuesta de una alternativa olímpica en el Pirineo quedó en un cajón al confirmarse los Juegos de Lake Placid, pero el resumen se publicó finalmente en el número 694 de la revista ‘Muntanya’ de diciembre de 1977, que puede leerse ‘online’ junto a sus sugerencias de renovación de infraestructuras en la Cerdanya. El germen de lo que vendría después. “El modelo Barcelona es infraestructura y desarrollo económico y social, ese es el modelo Barcelona”, insiste, décadas más tarde.

El hombre que mueve los hilos

La llegada de Samaranch a la presidencia del COI precipitó los acontecimientos. Es entonces cuando Udina, se presenta ante Serra, vía Lluís Armet, consejero de Política Territorial. “Le dije que aprovechando que había llegado Samaranch al COI, había que pedir los JJOO para Barcelona, pero tenía que ser el modelo Barcelona que había propuesto”.

“Odiaban el deporte porque lo veían como algo franquista”

Había un problema: a Samaranch le había molestado la propuesta de Udina, y sus matices independentistas “ya en 1976”. “Los JJOO podían utilizarse para borrar implícitamente el Tratado de los Pirineos, que separó Andorra, la Cataluña francesa y la Cataluña actual, ¿no? Pues el mío no hablaba de la Cerdanya catalana o la francesa, sino la Cerdanya como tal. Esto no le gustó a Samaranch y por esto tuve que quedarme en segunda línea, para que no fuese consciente de que Serra estaba muy influenciado por mi modelo”.

¿Qué quedó de aquel modelo en el proyecto de Barcelona? “La infraestructura, pero no la política”. Uno de los tantos que se apunta Udina es el de haber vencido las reticencias hacia el deporte. “Por aquella época, Samaranch era odiado por sus orígenes y el deporte era odiado porque decían que era algo franquista. Nadie quería saber nada del deporte. Tuve que hacerles ver que el deporte no era franquista, que Franco lo había utilizado y que ellos lo podían utilizar igual. Tuvieron la inteligencia de dejar sus creencias a un lado y tomar la idea”.

Fotografía de principios de los años 70. (Foto cedida)Fotografía de principios de los años 70. (Foto cedida) Fotografía de principios de los años 70. (Foto cedida)

La propuesta consistía en celebrar seguidos unbos Juegos Olímpicos de verano y de invierno. Un proyecto ambicioso que tenía un objeto claro: “Eliminar cualquier posibilidad para Madrid y París. Había miedo de que Madrid recogiese la idea. Al hacerlos de invierno, se descartaba porque en Guadarrama no puedes hacer unos JJOO. Yo insistí en que había que hacer los dos porque en aquel momento había un problema de gigantismo”. El recuerdo de Montreal y de otros gastos desorbitados no se encontraba tan lejos. “Les interesaba hacer unos Juegos que estuviesen lejos de ese dispendio económico, y lo que proponía era que el gasto fuese en infraestructuras: la misma servía para dos juegos”, añade Udina.

La guerra que casi acaba con los JJOO

Poco después de una reunión entre Udina y Serra en marzo de 1981, Serra confirmaba en público el interés por poner en marcha Barcelona 92. Se optó finalmente por unos Juegos de verano. Una de las razones era contener la influencia del flamante ‘president’ de la Generalitat Jordi Pujol, que habría sido mucho mayor con unos JJOO de invierno. “Cada uno intentaba atribuirse la idea de los JJOO, y yo hice un informe en el que decía que la idea de los Juegos es de un tal Pierre de Coubertin”, señala irónicamente el esquiador.

“Lo más difícil fue contener los egos de los tres principales protagonistas, Serra versus Pujol y Serra versus Samaranch, que estuvieron a punto de dar al traste a la iniciativa”. Udina arroja otra pista histórica: “Josep Lluís Vilaseca [Secretario General de Deporte y Actividad Física de la Generalitat entre 1980 y 1995], la mano derecha de Pujol, le iba pasando información para que supiera antes de que saliera en la prensa las cosas que Serra iba a decir, y le hizo entender que los JJOO los tenía que pedir un alcalde y no el presidente de una comunidad. A través de él conseguí moderar a Pujol”. En esos años, Udina había montado los primeros cursos de la Escola Catalana de l’Esport, por lo que había conocido al ‘molt honoroble’.

“Pedí a Tarradellas que intercediese para que Serra moderase su protagonismo”

Por otro lado, Serra se subió al carro e intentó manejar los JJOO incluso después de abandonar la alcaldía de Barcelona en diciembre de 1982 para convertirse en Ministro de Defensa, dejando a Romà Cuyàs la responsabilidad como comisario del Proyecto Olímpico Barcelona 1992 y responsable del estudio de viabilidad de los JJOO. “Tuve que pedirle a Tarradellas que intercediese para que Serra también moderase su protagonismo”, añade Udina.

“Un recuerdo grato es el de los esfuerzos realizados por Carles Udina para impulsar la idea de que los Juegos de 1988 o 1992 también pudiesen celebrarse en la zona de los Pirineos movilizando una doble propuesta verano-invierno”, reconocía el Consejero de Deporte y Juventud del Ayuntamiento de Barcelona Enric Truñó en la introducción de ‘L’esquí nórdic’, libro coescrito por Udina junto a Feliu Funollet y Manuel Unzueta en 1988. “Carles veía muy claro que esa duplicidad representaría un impulso excepcional para el desarrollo económico y social de todo el país y en concreto para la vertebración de todo el Pirineo catalán. No obstante, cuando la candidatura comenzó a tomar fuerza, los impulsores de aquella idea conjunta se plegaron a la propuesta de Barcelona de manera inmediata”.

Serra y Maragall celebrando en Lausana la adjudicación de los JJOO a Barcelona. (EFE-Archivo)Serra y Maragall celebrando en Lausana la adjudicación de los JJOO a Barcelona. (EFE-Archivo) Serra y Maragall celebrando en Lausana la adjudicación de los JJOO a Barcelona. (EFE-Archivo)

“Luego se hicieron muchas cosas muy mal”, añade décadas más tarde Udina, que apunta al trabajo del arquitecto Oriol Bohigas. “Todo lo que hizo fue un desastre, lo de las plazas duras ha sido una vergüenza que se ha intentado corregir”, añade. Pero el veredicto es positivo. “Errores hubo muchos, pero el modelo era bueno”.

Una nueva guerra

Si Udina quiere volver a la primera plana tras décadas en otras batallas educativas y científicas es porque cree que el modelo Barcelona se copia, sí, pero “mal”, como muestran los sucesivos fracasos de las candidaturas que se han realizado durante las últimas décadas. En su punto de mira, el proyecto para hacerse con los JJOO de Invierno de 2030. “La actual propuesta de los de invierno es totalmente kafkiana y cada vez más absurda (ya lleva más de 10 años de mal en peor), y sin que pese a mi insistencia haya conseguido hacer entrar en razón a ninguno de sus variopintos protagonistas (ni se sabe quién es el ‘protagonista’)”, explica Udina. “Además no existe ‘modelo’ alguno, ni territorial ni de infraestructuras, cuando además se nos echa encima el cambio climático”.

“Se copia mal y se está perdiendo la oportunidad de unos segundos JJOO”

“La gente copia y lo hace mal, y se puede perder una segunda ocasión de Juegos en un momento en el que yo lo he intentado vender de la siguiente forma: si hubo unanimidad con los franquistas, se podría repetir. Es decir, una votación unánime entre 50% independentistas y 50% no independentistas”, prosigue. Una herramienta de cohesión política en un momento de creciente polarización. Pero la situación parece ir por otro lado. Por “independencia, independencia, independencia”, lamenta.

“Estamos en un país donde no se planifica nada desde los Juegos Olímpicos”, prosigue el esquiador, decepcionado ante la impotencia de “no poder hacer más racional esta candidatura”. Entre otras razones, porque ello también beneficiaría a la de Madrid para 2036. “Lo mejor que le puede pasar a Madrid es que tuviesen éxito los de Barcelona 2030, porque sería su mejor tarjeta de presentación”.

Marcos Lamelas. Barcelona

“No hay liderazgo, así que quiero hacer algo antes de que todo se vaya al carajo”, concluye. Ha desarrollado una propuesta alternativa y se ha puesto en contacto con alguno de los principales partidos catalanes para mostrar los defectos de la actual. Ni Junts ni Esquerra le han hecho mucho caso, pero tiene esperanzas. Si no, como añade, “al menos será mi derecho al pataleo”. A sus 73 años, le pasa como a muchos adolescentes: quiere hacer algo de ruido.

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