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Zander Fagerson baja a Escocia de la nube

Parecía que sí, que este podía ser el año de Escocia en el Seis Naciones. La victoria de la primera jornada ante Inglaterra en Twickenham, la primera allí en 38 largos años, alimentaba la ilusión por un Cardo que antaño fue potencia en un torneo que no gana desde la entrada de Italia en el 2000. Una delantera mejorada y el retorno de Finn Russell anunciaban un nuevo esplendor. Al fin encajaban todas las piezas.

Pero la historia es tozuda, tiende a repetirse. Y Escocia, por más que lo intente, no termina de sacudirse ese aura de perdedor que le ha marcado en los últimos tiempos, de equipo simpático al que no conviene cogerle mucho cariño porque tarde o temprano acabará decepcionándote. Esta vez la culpa la tuvo una expulsión de Zander Fagerson en la segunda parte, que acabó costando el triunfo ante Gales (24-25). El árbitro, Matthew Carley, interpretó su irrupción en un ruck como peligrosa, aunque pareció golpear más en el hombro que en la cabeza de su rival. Con el nuevo protocolo para este tipo de situaciones, que se ha hecho de forma muy garantista en un intento por atajar el problema de las conmociones, Carley lo vio claro.

Escocia había sometido hasta entonces a una Gales de nuevo gris, que sigue sin encontrar la fórmula con Wayne Pivac. Los Dragones solo cabalgan a lomos de Rees-Zammit, un ala de talla imponente (1,91) y elegante zancada en el que se intuye al gran finalizador de este equipo para los próximos diez años. Un ensayo suyo a las puertas del descanso dio alas al Puerro y sirvió como reacción a los posados anteriores de Graham y Hogg.

A la salida de vestuarios todo cambió. Un redoble de la línea galesa descosió a la defensa caledonia y Williams lo aprovechó justo antes de que Fagerson viera la roja. Wyn Jones castigó la inferioridad numérica de los locales en el siguiente ataque y el partido enloqueció. Escocia se plantó en campo rival y una sucesión de melés sobre la línea de 5 terminó con una buena transmisión para Hogg, que no perdonó.

Tuvo que ser Rees-Zammit, con una patada a seguir y una galopada épica, el que a diez minutos del final sacara del atolladero al Puerro, que sin comerlo ni beberlo suma dos victorias y es segundo a falta de lo que haga Francia este domingo en su visita a Irlanda.

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