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Zidane abroncó al equipo por relajarse durante la pausa, pero nadie le hizo caso

Zinédine Zidane convirtió una pausa de hidratación en una regañina. El entrenador del Real Madrid no está satisfecho con el rendimiento del equipo en el regreso a la Liga porque a los jugadores les entró la pereza en el segundo tiempo. Entendieron que el partido estaba encarrilado, con los tres goles al Eibar en la primera parte, y se relajaron. No hay excusas, decía ZZ el día antes del partido para enviar un mensaje al vestuario contundente. Está en juego un torneo de once partidos que tiene formato de Eurocopa y Mundial. Le gustó esta comparación al entrenador del Real Madrid para explicar la lectura que hay que hacer si se quieren tener opciones de ganar un campeonato con dos puntos de desventaja. Estar permanente enchufados al juego y no caer en los excesos de confianza son dos reglas de oro para el francés.

El Madrid hizo un primer tiempo aceptable, con más pegada que control del juego, y un segundo en el que se dejó ir. Estalló Zidane en la pausa de hidratación para recriminar a los jugadores que estaban concediendo demasiada ocasiones al rival y corrían el riesgo de recibir el segundo gol. Se asustó el entrenador y puso en alerta a la plantilla. Sus palabras no tuvieron ningún efecto, ni los cambios funcionaron cuando refrescó el equipo con Bale, Vinicius y Militao. Desesperante fue ver al galés jugar con apatía la última media hora como extraño resultó comprobar que Vinicius no generó peligro. El Madrid perdió filo arriba y consistencia en un segundo periodo que tuvo a Courtois como el jugador más destacado. Mala señal.

Zidane da instrucciones a Bale antes de salir a jugar contra el Eibar. (Efe)Zidane da instrucciones a Bale antes de salir a jugar contra el Eibar. (Efe)Zidane da instrucciones a Bale antes de salir a jugar contra el Eibar. (Efe)

Es el primer toque serio de atención de Zidane a la plantilla en el regreso a la competición después de que fuera interrumpida por el coronavirus. Hay diez partidos por delante para reaccionar y mejorar en actitud y compromiso. Aunque este no es un problema nuevo en el Real Madrid. Zidane lo tiene detectado desde hace tiempo y ya se fue muy enfadado al confinamiento con la derrota en el campo del Betis. Ese día, el juego del equipo no tuvo continuidad y la estructura fue frágil. La relajación y los despistes provocaron el gol de Tello, el tanto que hoy tiene al Madrid por detrás del Barcelona. ¿Cómo era posible ganar el Clásico en el Bernabéu y al siguiente partido perder el liderato? Zidane no le encuentra explicación a las desconexiones del equipo. Tiene parte de responsabilidad como entrenador, pero contra el Eibar (agotó los cinco cambios) culpó a los jugadores. Estaban advertidos.

La visita de Florentino al vestuario

Hace bien Zidane en no poner excusas cuando habla de la relajación del equipo como un problema a resolver y no se refugia en la forma física. La inactividad, la falta de ritmo y la intensidad es igual para todos los equipos que han estado tres meses sin competir y reanudan el campeonato sin haber tenido un partido previo de preparación. Zidane esperaba más de sus jugadores en cuanto a la actitud y el compromiso y volvió a comprobar que aparecen esas fases del partido donde el equipo se pone en modo reposo y afloja. Así no es posible ganar la Liga. Ni remontar la eliminatoria de la Champions contra el Manchester City. Estamos ante la misma y reiterativa advertencia del entrenador a sus jugadores por ese extraño comportamiento en el que el equipo tiende a acomodarse al resultado.

Así que ZZ no se marchó contento del estadio Alfredo Di Stéfano con la respuesta de sus jugadores en un partido que le dejó sensaciones agridulces. Le gustó el despliegue de Eden Hazard por todo el frente de ataque, tirando desmarques y dando profundidad al juego, y la claridad que genera Benzema. El belga se dio una paliza después de cuatro meses de inactividad. No le falló Sergio Ramos. El capitán demostró que, con público y sin él y en cualquier escenario, juega cada partido como un juvenil. Le defraudó, en líneas generales, que el equipo no diera un plus en la segunda parte y cayera en una cierta desgana. Las estadísticas no mienten. El Real Madrid tuvo un 56% de posesión, pero remató menos que el Eibar (seis por nueve), con los mismos disparos a portería (cinco), igualados en saques de esquina (tres) y con una parada más de Courtois que Dmitrovic (cuatro por dos).

Florentino Pérez bajó al final del partido al vestuario a repartir camisetas conmemorativas. A Zidane le dio una por llegar a los 200 partidos en el banquillo blanco (es el tercer entrenador con más encuentros y está a 46 de Vicente Del Bosque). Gareth Bale recibió y posó con otra junto al presidente por cumplir 250 encuentros. No era, precisamente, un ambiente de euforia lo que se vivía en el vestuario del Real Madrid porque Zinédine Zidane cuando tuerce el gesto y se enfada tiene muy mala cara y se le nota. No disimula su malestar y le hierve la sangre cuando comprueba que su equipo no compite a un alto nivel del principio al final del partido.

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