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Zidane también culpa a los jugadores, pero no les quiere dejar en evidencia

Los palos de la derrota del Real Madrid contra el Valencia se los va a llevar Zinédine Zidane por la alineación de Marcelo e Isco, por dejar a Kroos en el banquillo y por una goleada que pone en evidencia la fragilidad del equipo en defensa. Es el responsable. Pero Zidane está muy enfadado con la actitud de los jugadores y, aunque se culpó de la derrota en Valencia, reconoce que tiene que tomar medidas porque el nivel de tensión competitiva y la falta de agresividad es el principal problema de los malos resultados. No es la primera vez que el técnico francés advierte que el equipo se desconecta del partido, hay relajación y llegan los regalos. Tras las dos derrotas contra el Cádiz y el Shkathar Donetsk en el estadio Alfredo Di Stefano repitió a los jugadores que tenían que estar más despiertos y lo que volvió a suceder en Mestalla fueron graves fallos de concentración.

Este comportamiento para Zidane es incomprensible y lo achaca a la relajación que tiene el equipo cuando está enfrente un rival que se considera inferior. En diferentes ruedas de prensa ha enviado el mismo mensaje que ha trasladado en privado a sus jugadores. El de que hoy en día el fútbol está cada vez más igualado y cualquier equipo ordenado y que se sacrifica te pone en dificultades. Zidane perdona un fallo técnico, pero no un despiste por relajación o falta de actitud.

Ulises Sánchez-Flor

El entrenador abandonó el estadio de Mestalla asumiendo que no perdieron únicamente por los tres penaltis señalados y la actuación del VAR. Fue el más sensato de la expedición entre los jugadores y los directivos. El más autocrítico y el único que no quiso refugiarse en el VAR o en las decisiones del árbitro Gil Manzano. Todo lo contrario al mensaje institucional que envió Emilio Butragueño que, en los micrófonos de Movistar, se quejó de la falta de Cheryshev a Marco Asensio en la jugada que acaba con el gol en propia puerta de Raphael Varane y el injusto penalti de Marcelo a Maxi Gómez. A Butragueño, como portavoz institucional, le tocó hacer el papel de protesta. El que se niega a hacer Zidane porque apunta a los jugadores.

Apunta a la falta de tensión

El técnico se niega a poner excusas a una nueva derrota y está algo más que inquieto, a pesar de que no es vehemente cuando se dirige a los jugadores para que corrijan los errores. Pero la tendencia es negativa. Mala. No lo niega y viene de lejos. Desde el partido contra el Manchester City en el que, pese a la dificultad de remontar el 1-2 que tenía el Manchester City de Pep Guardiola, al equipo le faltó carácter. Zidane lo dejó pasar por el esfuerzo físico y mental que habían hecho los jugadores tras el confinamiento para acabar la temporada con el título de Liga. Pero estos malos síntomas de dejadez que provocan que el equipo sea más vulnerable están apareciendo con frecuencia y son los que han ocasionado las tres derrotas de la temporada contra el Cádiz, Shakhtar y Valencia.

“Con poca cosa nos ponen en dificultad y no volvemos al partido”, es el reproche que hace Zidane a sus jugadores y que habrá que esperar a que pase el parón de Selecciones para saber qué consecuencias tiene. Porque el francés sabe que está señalado por la alineación que presentó en Mestalla y en la que incluyó, en un día que no estaba Casemiro (por el positivo por coronavirus) a Marcelo y prescindió de Mendy. También dio una nueva oportunidad a Isco y la desaprovechó. Esta rotación salió mal, pero para Zidane no es el principal problema y apunta más a la falta de tensión y relajación cuando el equipo se puso por delante con el gol de Benzema y se produjo la desconexión.

Sergio Ramos protesta una acción en el partido de Mestalla. (Efe)Sergio Ramos protesta una acción en el partido de Mestalla. (Efe)Sergio Ramos protesta una acción en el partido de Mestalla. (Efe)

No funcionó nada. Ni la alineación ni los cambios. Zidane se llevó una gran decepción con la falta de reacción de todos los jugadores y se niega a señalar a unos como más culpables que otros. El equipo acabó jugando con Mariano y Jovic. También salió Rodrygo, que contra el Inter de Milán sacó de la agonía al equipo con el gol del triunfo en la segunda parte. Faltó de todo en uno de los peores días de Zidane, que sufrió su mayor goleada en el banquillo del Real Madrid. Sintió algo más que la impotencia de ver a su equipo inconsistente en defensa (son siete partidos consecutivos recibiendo goles) y con poca contundencia en el ataque.

Creía que había rectificado los errores de las derrotas contra el Cádiz y el Shakhtar y se quedó con las buenas sensaciones de la reacción y el carácter que tuvieron en el partido contra el Borussia Mönchengladbach para empatar en los últimos cinco minutos finales. Después de las dos primeras derrotas se vio un cambio en el Clásico con un equipo más comprometido y junto. Más compacto y sacrificado. Pero en cuanto aparece la relajación se cae en la desconexión, como ha sucedido contra el Valencia, y el entrenador llama a las cosas por su nombre sin escudarse en el VAR o el árbitro. Se desmarca de Butragueño. Lo tiene más claro y dice que el equipo se fue del partido con el empate a uno.

Lo que le toca a Zidane, que está en dificultades, es seguir remando en una temporada que se está complicando por la ausencia de solidez en defensa, algo que esperaba que tuviera continuidad visto la buena respuesta en el tramo final de la pasada Liga, y recuperar su crédito a la hora de hacer las alineaciones y dar entrada en las rotaciones a jugadores como Marcelo e Isco que salen muy perjudicados de Mestalla. Zidane los va a proteger porque considera que no son los únicos culpables de una irregular temporada que ya va por tres derrotas.

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